
Mar Muerto
Quien baje desde Jerusalén hacia el oriente descenderá siempre: el camino no conoce otra dirección. Se atraviesan «unas planicies desoladas cerca del Mar Muerto» y la tierra sigue hundiéndose hasta «una depresión muy profunda, la depresión más importante del mundo». Ahí, en el fondo del fondo, está el mar que no devuelve nada: el Jordán le entra «del otro lado» como tributario, el agua no sale, y lo que queda es sal. Es «un lugar donde se recaba sal» — y donde se recaba, también, todo lo demás que esta entrada consigna.
Itinerario y contorno
El mar está «en el medio» del conjunto; alrededor, orillas transitables y cuevas en la región circundante. Masada se alza «justo para la zona de Mar Muerto». Es geografía de guerra santa: «todo el mar muerto en donde se dieron algunas de las historias de las cruzadas», y los Templarios operan cerca — a ellos se les atribuye el hallazgo de una reliquia sagrada «a las orillas del mar muerto». La Tierra Santa entera lo contiene como se contiene una herida: es un accidente único, sin gemelo ni reemplazo en el mundo.
Un testimonio afirma que alguien caminaba «sobre el mármol» del Mar Muerto leyendo un libro, como si la superficie fuera piso y no agua. Este cronista lo transcribe porque le fue dicho, y lo deja en cuarentena: puede ser prodigio, puede ser recinto, puede ser oído torcido.
El nombre y el dios
El mar no se llama Muerto por su esterilidad: se llama Muerto por su muerto. Aquí «crono ramón recibió en parte su apoteosis pero en parte también la muerte» — Kronamon fue decapitado frente a estas aguas, y el nombre del mar se explica por ese episodio, no al revés. Etiología, no metáfora: el punto más bajo del mundo es donde el dios cae, y donde cae el dios se esconde lo escrito. Que la muerte del dios y la sal del agua sean causa una de otra, o mera vecindad, es cosa que las voces del archivo no establecen y que este cronista no va a establecer por ellas.
Sobre este trasfondo corre además una creencia declarada en la región: «los únicos que pueden predecir el futuro son realmente los muertos, que están conectados», y saben «sobre lo que pasó, pasa y pasará». Lo consigno como lo que se dice, no como lo que el mundo verifica.
Los rollos
En las cuevas de la región se hallaron rollos con los escritos religiosos del credo de Kronamon. Los gnósticos los reclaman como cosa propia: «para los gnósticos están las cuevas, existen los rollos de mar muerto». Pero los rollos, a diferencia del mar, viajan: hay particulares que guardan «algunos rollos del Mar Muerto que tenía guardado de por ahí», hay quien confiesa «oculté unos rollos en el mar muerto», y en el mercado de antigüedades de Jerusalén son mercancía valiosa.
Extraídos, obran como artefactos. Los «enrollos del Mar Muerto» tienen propiedades de revelación y detección — se los usa «para que no se vean los vivos», y de ese uso brota un polvo brillante — y de ellos se extraen «las fuerzas Phoenix de los rollos del Mar Muerto», capaces de traer de vuelta a la vida. Adviértase la simetría, que no puede ser casual y que sin embargo nadie ha probado: del mar del dios muerto salen los textos que resucitan.
La cuenca cerrada
La lógica del lugar es una sola vista dos veces. El Jordán desemboca, el agua no sale, la sal queda: eso es la salina. La misma sequedad de planicie desolada, el mismo aire que evapora, es lo que conserva pergaminos en cuevas durante siglos: eso es el archivo. Salina y archivo son el mismo fenómeno — la cuenca que retiene — y sobre esa retención se apoya la capa mítica: Masada, las cuevas gnósticas y las orillas templarias son puestos alrededor de un mismo hueco.
De ahí su peso. No es decorado: de aquí salen el nombre y el punto de muerte-apoteosis de Kronamon, los textos que fundan su credo, un recurso económico básico y artefactos que revelan y resucitan. Tres intereses distintos — Templarios, gnósticos, mercaderes de Jerusalén — convergen sobre el mismo sitio, lo que lo vuelve disputado por definición. Si los rollos cambian de mano, cambia quién controla el credo. Que el lector mida entonces lo que vale un hueco.
Reparos de este cronista
Mucho ignoro y prefiero decirlo a inventarlo. Del agua misma no sé el color, ni el olor, ni la temperatura, ni la extensión, ni si algo vive en ella. No sé cuántos rollos hay en total, cuántos duermen aún en las cuevas y cuántos ya circulan por manos privadas; un «diecisiete» aparece asociado a los enrollos — «tengo más diecisiete para que no se vean los vivos» — pero no sabría decir si cuenta rollos o cuenta otra cosa. No sé quién extrae y comercia la sal, ni si hay salinas con trabajadores y propietarios, ni qué precio alcanzan sal y rollos en el mercado de Jerusalén. Se habla en la región de no-muertos que los cuervos rechazan, y de «uñas de los que se olvidaron de cortar de los muertos» empleadas como armas; si esas uñas pertenecen a los muertos de esta cuenca o a otra entidad, y qué son esos cuervos y qué hacen en esta geografía, el archivo no lo dice. El viajero que baje al fondo del mundo vaya sabiendo que baja con más preguntas que mapa.
Véase además: Kronamon · Templarios · Jerusalén · Tierra Santa
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.