
La Jabalina
Eran ocho. Hoy quedan dos. Con ese margen —el más angosto que admite una orden antes de ser un recuerdo— sigue en pie la compañía que tomó su nombre de la punta que hirió a la nada.
Genealogía del nombre
Todo desciende del arma-idea: «la punta, literal, la punta de alianza de la creación que hirió a la nada, al sufrimiento, a la oscuridad, a la desesperanza». De esa punta primera toma el nombre la banda, y del nombre deriva todo lo demás. Que sea laica, para empezar: su fundamento no es un culto ni una jerarquía de templo sino la cosmogonía misma, y por eso no responde a dios alguno. Que se ingrese por transformación y no por mera afiliación: «vos te volviste parte de la jabalina», se le dice al que entra, como quien se vuelve parte de un arma y no socio de una cofradía. Y que su única regla enunciada sea una prohibición y no un credo: «Con los niños no».
En el registro mítico la escala es otra: La Jabalina es «un esquema de creación capaz de destruir los mares». Una compañía que carga ese nombre no interviene en escaramuzas; interviene en la creación.
Estatuto de la compañía
La Jabalina se nombra a sí misma y exige ser nombrada. A quien deba hablar de ellos se le advierte: «le voy a pedir que hable de nosotros, a partir de ahora, con el nombre de La Jabalina». Y el nombre funciona: cuando la autoridad local, tras un combate exitoso, pregunta «¿cuál es vuestro nombre?», esa es la respuesta que queda en las actas.
Ante el poder civil arrastra una reputación de doble filo. Por un lado, «es un grupo relativamente honorable»; por el otro, «esta gente de acá tiene un prontuario». Ambas cosas constan; ninguna anula a la otra. La compañía puede además recibir custodias formales: tras la caída de Lord Valanthru, Luvina y Sabina quedaron bajo custodia del brazo de Teo y de La Jabalina, en calidad de prueba de la destrucción del señor derrotado.
Hechos de armas
El mundo cambia cuando La Jabalina actúa. Salvó 1.200.000 almas. Completó Shackle City por entero. Asaltó a la escolta de Lord Valanthru en un cruce de caminos poco frecuentado, para revelarlo, y se declaró su destrucción. Ese es el balance registrado de una orden que hoy sostienen dos personas: «este grupo se llama La Jabalina, que ya eran ocho. Hoy quedan dos».
El arma corriente
Mientras la punta mítica hiere a la nada, la jabalina de todos los días se compra, se saquea y se reparte. Es un proyectil de gran tamaño; se lleva de a tres —«les tiran jabalinas, son 3 cada uno»—, en carcaj, «la lleva con la parte de atrás», a la espalda. Se saca, se tira, y puede fallar. Aparece como botín —«el primero es una jabalina», en la misma tanda que un hacha de gran porte— y en manos de criaturas enemigas de gran talla: «está saliendo… grande, le tiene una jabalina».
Entre los compañeros, el arma repite la figura de la orden. Lucky, miembro de la banda, lo declara así: «una relación, un vínculo muy profundo con mis armamentos, los que elegí, que son la espada y la jabalina» — espada para el cuerpo a cuerpo, jabalinas de a tres para el alcance.
La base: el World of Recon
Una orden que interviene en escalas planarias necesita asiento fuera de los reinos donde opera. El campamento base de La Jabalina es el World of Recon, en el plano de transición — que no debe confundirse con Arcadia, como el propio itinerario de la compañía aclara: «volvemos a Arcadia, claro, no, Arcadia… adonde habíamos dejado el World of Recon, es el campamento». De su construcción, nada está descripto.
Advertencias del cronista
Acá conviene pisar el freno. De la compañía no hay retrato: ni insignia, ni vestimenta, ni sede construida; el World of Recon es un nombre sin planos. No consta quiénes son los dos miembros que quedan ni cómo se perdieron los otros seis. No se sabe qué son Luvina y Sabina —personas, criaturas, trofeos— ni bajo qué régimen quedan custodiadas, ni en qué consiste el «prontuario» ni ante qué jurisdicción pesa.
Quedan además tres nudos sin desatar. Una anotación suelta trata a La Jabalina como nave, cuando todas las voces del archivo la tratan como banda y como arma: este cronista registra la disputa y no la zanja. Hay una «destrucción de Barandru» —o «Balántruc»— que nadie ha establecido si nombra a Lord Valanthru o a una entidad distinta. Y nadie ha explicado cómo se articulan la punta que hirió a la nada y las jabalinas corrientes de tres por carcaj: si son la misma clase de objeto, un linaje, o dos cosas que solo comparten la palabra.
Dos frases quedan flotando, y se copian tal como se dijeron: «me parece que la jabalía tiene que esperar algo» —qué espera, no consta— y «nos fuimos 9 años» —nueve años de quién, y cuándo, el archivo no lo dice.
Véase además: Lord Valanthru · el brazo de Teo — co-custodio junto a La Jabalina · World of Recon · Shackle City · Arcadia.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.