De rodillas, tapándose la cara con las alas quemadas, mientras le recogen en una copa la cera que le llora de los ojos.

Ícaro lloró de gratitud y les donó la cera de sus ojos.


El muchacho de las alas derretidas, perdido en el infierno. Fueron a rescatarlo y lo reunieron con su padre Dédalo —que estaba entre los del Limbo de los paganos, en el Castillo de los Nobles Justos, con Homero y Horacio—.

Lo que dio a cambio es de las cosas más hermosas del descenso: lloró de gratitud y les donó la cera de sus ojos. Eso es la Cera de Ícaro, las Tears of Wax: al caer sobre el cuerpo genera alas a voluntad, unos diez minutos de vuelo. Pasado ese tiempo caés, y cuesta meses que la cera vuelva a servir.

El artefacto tiene una condición que lo vuelve un vínculo y no un objeto: quien la use debe vincularse a Ícaro. Volar con las alas que a él lo mataron obliga a quedarse atado al que lloró.


Vínculos

  • Dédalo — su padre, con quien lo reúnen.
  • Limbo — donde estaban los paganos que no profesaron en Cristo.

En el papel