Un apodo —nada más que eso, de momento— que circuló por las conversaciones del Quartier de Saint-Germain en 1648. Alguien fue llamado Frankie o Franky, y el registro lo recogió sin aclarar a quién pertenecía ese nombre de pila anglicizado en boca de parisinos.

Las hipótesis razonables apuntan a Marsilio Fountaine, cuya familiaridad con libros prohibidos y tratos poco recomendables lo habría hecho candidato natural a un apodo entre compañeros; o bien a Marcel, cuyo nombre propio admite también la forma diminutiva. No se excluye que sea un tercer personaje que actuó brevemente en la periferia de la trama y no llegó a individualizarse con mayor detalle.

Hasta que el cotejo con otras fuentes del período resuelva la identidad, el archivo conserva el nombre como lo que fue: un apodo pronunciado una vez, que señala a alguien presente en el Quartier durante los días de la Fronda, y que quizás nunca requirió más explicación que esa.

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