Círculo de Serbia
«Aquellos que atenten contra el Círculo de Serbia serán sus víctimas.» — sentencia atribuida al Círculo, recogida por quienes lo persiguieron y vivieron para anotarla
Escribo, como Paulus Alexandrinus, sobre una cosa que nunca he visto, y advierto desde el principio que nadie la ha visto: de este linaje solo conocemos los efectos, como del viento solo conocemos las ramas rotas. Es organización a la vez política, mágica y religiosa, la que «define a los serbios y su patria y a los suyos a través de la historia»; existe «desde el principio de los tiempos»; y en el año de 1914 conspira para tomarle el poder al rey de Serbia y reemplazar la monarquía por «una monarquía de muertos vivientes». Hay uno solo, y es antiguo.
Del origen, que es doble
Toda genealogía honesta empieza confesando su nudo. La del Círculo tiene dos raíces que el archivo no trenza: su origen se traza a Lucifer, y pertenece a la historia religiosa de Kronamon; pero también se afirma que fue fundado por los Faros — y que hoy los Faros están bajo su control, de modo que la criatura ha devorado a su fundador, si es que la palabra «fundar» significa algo para lo que es anterior al tiempo. Se dice además que «hay un círculo simultáneo que es el círculo de Serbia»: que el Círculo es idéntico a sí mismo en todos sus momentos, presente en 1389 en la zona del Campo de los Mirlos y presente en 1914, donde «está incidiendo activamente en este momento, en este lugar». Cómo se compatibiliza esa atemporalidad con su carácter serbio —si fue siempre serbio o si adoptó Serbia como se adopta un cuerpo— es pregunta que dejo abierta, porque la respuesta no está escrita en ninguna parte que yo conozca.
Se dice, por fin, que el Círculo está «construido alrededor de ella»: de La Serpiente. Su cabeza se ha usado como ofrenda y como mensaje dirigido al Círculo — lo cual sugiere que hay un idioma en que se le habla, aunque nadie haya publicado su gramática.
El suelo y las señales
Lo físico que el Círculo ocupa es la corte real de Serbia: una «cámara oriental» de tapicerías azules y ornamentos púrpuras, donde en los tentempiés «abunda el caviar y las buenas comidas y los vinos orientales ligeramente especiados». Sus escudos heráldicos «comprenden los peces, las abejas y los toros». Los castillos de los nobles se reparten por el reino. Y hubo una escritura propia del país, que lo fue «hasta hace 20 años, cuando los mismos dinastas» la cambiaron: un documento en esa vieja tipografía ya no se reconoce a primera vista — detalle que un cronista no debe pasar por alto, porque un reino que cambia de letra es un reino que ha decidido volverse ilegible para sus propios muertos. En qué consistió ese cambio, y qué escritura se usa ahora, el archivo no lo declara.
Serbia misma es reino con rey y reina, parlamento, jefe del ejército y una constitución liberal promulgada «hace unos meses», que reformó el ejército y la economía. Se piensa a sí misma como la última barrera: «son los últimos que resistieron contra los torcos y contra el mal de los demonios de Tartaria». Y por eso una conspiración que quiera Europa tiene que tomar primero la corona que guarda esa puerta: Serbia «era el comienzo, el lugar donde les iba a dar el pie y el poder para establecerse y poder expandirse», y los planes del Círculo «se extendían por toda Europa». Junto a ella, Montenegro: las dos «están tan rodeadas».
La máquina de tres piezas
Quien quiera entender al Círculo no debe buscarle rostro sino mecanismo, y el mecanismo tiene tres piezas que se necesitan.
La primera es un teatro diplomático: consulados y viceconsulados serbios en París, Bucarest y Viena, que le dan cuerpos legales, correos, y cargos vacantes que llenar por asesinato. Opera sobre el Consulado de Serbia en París —donde el gobierno de Francia «presionó… más fuerte que el serbio», y donde hubo un Cónsul amenazado por «un tercero involucrado»— y sobre el Cónsul y el Vice Cónsul de Serbia en Bucarest, en la Rumania aliada, con la que Serbia comparte frontera sin que medie frontera alemana alguna. Sus miembros, cuando hablan, insisten en su compostura: «no son un grupo de bárbaros»; se presentan como «un círculo de Viena, somos intelectuales».
La segunda es una liturgia del calendario. La Iglesia Ortodoxa Serbia sostiene un calendario distinto del gregoriano, y sobre él se apoya el 28 de junio, día de San Vito: la fecha en que en 1389 fueron sacrificados los reyes de Serbia, y la misma fecha en que el Cónsul de Serbia es asesinado en Bucarest. El sacrificio y el asesinato son el mismo acto repetido. El Círculo no elige la fecha: la fecha es su regla.
La tercera es la genealogía sobrenatural ya dicha: Lucifer, Kronamon, la anterioridad al tiempo, el círculo simultáneo. Tres piezas, una sola máquina.
El calendario de la sangre
En 1389, en la zona del Campo de los Mirlos, fueron sacrificados los reyes de Serbia. Siguieron quinientos años sin reyes: «la única manera de mantener una cierta pureza». Luego el retorno reciente de la corona: Aleksandar I Obrenovich, hijo único de Milan I —el rey anterior, el de las guerras con «los torcos»—, «volvió hace poco» al trono, nombrado rey antes de tiempo; firma telegramas a sus aliados; es «muy bien aceptado en Viena», donde «hay toda una entente ahí», aunque el Imperio considera inferiores a los serbios. Su madre es Natalia de Florencia, posiblemente emparentada con los Medici. En el mismo hilo del resentimiento serbio se menciona a Draga, asesinada. Y gobierna en Serbia la Dinastía Huelfa — sobre cuyo vínculo con la casa Obrenovich volveré más abajo, porque el archivo nombra a las dos como reinantes sin casarlas.
En 1914, Sarajevo. Del atentado se sigue la «ligazón de alianzas» —el Imperio Austrohúngaro invoca a Germania, Serbia invoca a Rusia— y su precio: alterar el resultado de la batalla de Serbia cuesta unos 60 millones de muertes. Ese número no es retórica de cronista; es la magnitud declarada de lo que el Círculo manipula cuando manipula la realidad.
Cómo obra y cómo se lo combate
Opera por infiltración diplomática y por asesinato. De él se ven solo los instrumentos: la «mano invisible» que manda a matar, y las trampas que tiende — como la que tendió a los compañeros en la Torre del Palo. Sanciona por sí mismo, sin intermediarios, según la sentencia que abre esta entrada. Vigila a distancia a quienes lo persiguen: «nos está observando, porque no tenían forma de saber que estábamos en este barco». Se le atribuye un liderazgo militar —«el capitán», cuyo nombre no está fijado— y vínculos con la Mano Negra y con activistas prodinásticos enemigos.
Se lo combate desde afuera con pesquisa: los compañeros comenzaron «como detectives contra el Círculo de Serbia». Y desde adentro, con misiones de desarticulación negociadas en la corte, donde el protocolo obliga a preguntarle al visitante si «ha sido contactado por alguna gente extranjera con intenciones de conspiración contra la dinastía reinante». La corona tiene además una ley expresa para el enemigo que no puede matar: al vampiro encarcelado «no podemos ejecutarlo, sí podemos seguirlo aprisionando, y las medidas de seguridad son extremas».
Sepan los que vengan después: la compañía ha «acabado con una parte importante del Círculo de Serbia», y aun así el Círculo sigue operando. Su desarticulación es objetivo declarado de la gesta. Si el Círculo se establece en Serbia, Europa entera cambia de régimen.
Escolio de Paulus: lo que las versiones disputan
He aprendido, en años de compilar cortes y ruinas, que las contradicciones de un archivo son a veces su parte más verdadera. Anoto las de éste sin resolverlas.
Sobre las alianzas hay dos escuelas irreconciliables: una fija que Serbia «no tenía una apertura con los rusos, sí con los austrohúngaros»; la otra fija lo contrario, Serbia aliada a Rusia —que apoya a la dinastía rival— y no a Austria-Hungría. Ambas quedan en pie, y sospecho que en un reino gobernado por un círculo simultáneo ambas pueden ser ciertas a la vez. Sobre el estatus del reino, otra grieta: «Serbia era un reino independiente… era parte del Imperio Austrohúngaro» — qué clase de dependencia es esa, nadie lo aclara. Sobre las fechas, un pasaje da el 15 de junio como «fecha Serbia que es el día de los campos negros» y otro da el 28 de junio, San Vito; si son dos fiestas o dos lecturas del mismo calendario ortodoxo, lo ignoro. Ignoro también qué liga a la Dinastía Huelfa con la casa Obrenovich; si el Círculo es fuerza dinástica o fuerza que «quiere terminar los reinados», pues se lo llama de ambos modos; quién es «el capitán»; qué es la Torre del Palo fuera de su trampa —dónde está, de qué está hecha, qué función cumple—; y qué son, en el fondo, los Faros, y cómo se toma el control de quien lo fundó a uno. Del Círculo como cuerpo no hay descripción alguna: ni sede, ni insignia, ni número de miembros, ni rito de entrada, ni qué se ve cuando actúa. Todo su registro es de efectos. Quizá esa sea la definición más exacta que pueda darse de él.
Véase además: La Serpiente · Kronamon · Lucifer · Francia
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.