Yog-Sothoth es la puerta y la llave. El gran Cthulhu es su primo. Iä, Shub-Niggurath. Y en la biblioteca está el signo y el símbolo.

Al filo del último descenso, cuando la cofradía del Atlántico Sur ya había dejado de fingir hospitalidad, la gesta no se cierra con un disparo sino con una consulta. La escena final es una visión: alguien acude a Jorge Luis Borges, director de la Biblioteca Nacional —entonces todavía en la calle México—, y de su boca, o del aire de la sala, sale un texto. No una respuesta: una fórmula. El hombre que catalogaba el universo entrega, en lugar de un dato, el conjuro que lo abre.

El texto

Lo que se pronuncia es un pastiche argentinizado de aquel horror que un cronista de Nueva Inglaterra fechó en Dunwich. La fórmula vieja —«Yog-Sothoth es la puerta y la llave»— se dice acá con acento del Plata, y se le añade un parentesco que ningún grimorio del norte registró: el gran Cthulhu es su primo. Cthulhu, el que la Orden Esotérica de Dagón prepara desde el fondo del mar, queda así injertado por afinidad en la genealogía de lo que no debe nombrarse. Resuena también el clamor a la cabra de los mil retoños —«Iä, Shub-Niggurath»—, esa madre negra de los bosques que aquí no tiene bosque sino turba y mar.

Pero el conjuro no se conforma con citar a los antiguos: los cruza con la propia teología de quien lo dicta. Entre las cláusulas invocatorias se cuela Tlön, Uqbar, Orbis Tertius —el planeta inventado que terminó invadiendo la realidad, el orbe tercero que se escribe a sí mismo hasta volverse cierto— y la promesa de que en la biblioteca está el signo y el símbolo. La invocación no abre una puerta en el espacio: abre una puerta en el catálogo. El acceso a lo otro no se gana navegando hacia las islas, sino leyendo mal el libro exacto en el estante exacto.

El bibliotecario

En el texto se nombra a Miguel Cázares, figura imprecisa que ronda los anaqueles. El archivo no establece con certeza si fue otro bibliotecario de la casa, una máscara más del que mueve los hilos de la consulta, o un nombre puesto para que el lector que sabe lo reconozca y el que no lo deje pasar. La ambigüedad no es un descuido del registro: en una escena donde el oráculo es un catalogador y el conjuro es una ficha, conviene que el guardián del signo no tenga rostro fijo.

Eco trans-gesta

Borges no aparece por primera vez en el archivo cuando lo visita la gesta malvinense. Es de esas figuras que el cronista encuentra cruzando umbrales en más de un ciclo: el bibliotecario universal cuya función es siempre la misma —entregar la llave verbal, custodiar la obra cuya lectura completa daña, señalar en qué estante late lo que no conviene despertar. La mesa que conserva estos hechos anota que tocarlo aquí combinó dos historias suyas: el mismo hombre, el mismo gesto de catalogar el abismo, atado por los dos extremos a tramas distintas del Archivo. La invocación de 1966 es uno de esos extremos.

Eco cosmológico

La fórmula no es un adorno literario: traza el mapa de la gesta. Yog-Sothoth como puerta y llave, Cthulhu como su primo del fondo, y Tlön como el orbe que se vuelve real a fuerza de ser leído, describen la misma cosmología que late bajo el realismo del Atlántico Sur. La «biblioteca donde está el signo y el símbolo» es prima hermana de la otra obra que el archivo no nombra —la que se representa junto al lago Hali y abre el pliegue de el reino amarillo—: en ambas, lo que enloquece no es una criatura sino un texto, y leerlo hasta el final es cruzar. El Operativo Cóndor fue el vestíbulo histórico de este descenso; la invocación de Borges es su última puerta, y la más silenciosa, porque está hecha solo de palabras.

Notas

Jorge Luis Borges dirigió efectivamente la Biblioteca Nacional —en esos años aún en su sede de la calle México— y la diégesis lo conserva tal cual, sin seudónimo, igual que conserva el resto de los nombres verdaderos por donde la gesta entra al Mythos. La fórmula invocada es un calco argentinizado de El horror de Dunwich trenzado con motivos del propio Borges (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; el signo en la biblioteca). El registro físico de la escena se guarda en el cuaderno 99.

Ver también

  • Borges (la palabra que apaga, 2087)el otro extremo trans-campaña: en la cuarentena del Mundo Nuevo su palabra-código cierra el nodo del Maestro (el jardín de los senderos que se bifurcan; cae internet). Aquí abre, allá apaga: la misma llave verbal.
  • Operativo_Condor — el vestíbulo histórico por donde la gesta entra al Mythos
  • Orden_Esoterica_de_Dagon — la cofradía que prepara la venida de Cthulhu, nombrado en el conjuro
  • Carcosa — el reino amarillo cuya «obra que no se nombra» rima con la biblioteca del signo