Tortuga
Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.
En ANTITERRA
Nota de derrota. Tortuga es una isla —los itinerarios insisten: isla, no ciudad— cercana a la Bahía de la Sangre y a Antigua, y de ella zarpa con regularidad un barco rumbo a América. El registro la llama puerto de malditos: cavernas donde hay prostitutas y se trafica con esclavos, y donde los castigos son feroces. Una compañía dejó allí rastro de sus jornadas, aunque el archivo las conserva a media tinta.
Pero Tortuga guarda otra tortuga. En su templo yace una de tamaño considerable —el registro dice «huge»— con bolsas u órbitas vacías donde debieran ir los ojos. Consta que se despierta, probablemente en reacción al fuego purificador de la mina; qué hace despierta, el archivo no lo dice. Y los cronistas de la Corona del Norte añaden el eco que da vértigo al nombre: la Tortuga es el último animal flotando en las aguas primordiales, aquella sobre cuyo lomo se coloca el barro que multiplica la tierra. Si la isla lleva el nombre por la bestia del templo, o la bestia es la que sostiene la isla, este cronista no se atreve a decidirlo.
Poco más consta. Quien haya tomado el barco a América, o mirado esas órbitas vacías y vuelto para contarlo, que lo deposite en el archivo: esta nota flota, como su animal, esperando el barro.
En VALA
Nota de caparazón. Los cronistas del Caldero registran dos hilos que quizá sean uno: una tortuga mítica que debe soportar o sostener el mundo, conectada con la redención y sometida a pruebas; y una criatura viva de tamaño colosal —unos cien metros de largo, posiblemente celestial y elemental— cuyo caparazón inmenso, cubierto de grabados, sirvió a una compañía como transporte y refugio para «salir de la isla». En su interior guarda una fortaleza segura e inexpugnable, y desde la zona de su cabeza dispara proyectiles; quien viaja dentro del caparazón debe saber que la criatura puede detectar su pensamiento. El archivo la vio avanzar lentamente por un terreno de rocas calcáreas, con una montaña visible en la distancia, y consigna su encomienda: llegar al centro del Caldero sin que haya muertes ni destrucciones.
Su antigüedad es materia de cálculo y de leyenda. Si creció de forma natural y continua, tendría unos 26.000 años; pero una voz de confianza incierta sugiere que sería un artefacto trasladado desde otro mundo o una realidad anterior —conexión atribuida a «Titi Frei», que este cronista anota sin desatar—. Los propios grabados del caparazón cuentan la leyenda de una isla submarina donde la tortuga habita, y donde la encontraron unos visitantes llamados «Tacrabartino» y otros seres, «la rueda»: nombres que el oído del archivo recogió a medias y que aquí se depositan tal como sonaron, por si alguien los reconoce.
Poco más consta. Quien haya leído los grabados completos, o sepa qué prueba redime a la que sostiene el mundo, que lo deje dicho: esta nota avanza despacio, como su asunto, y todavía no llegó al centro.
Véase además: Bahía de la Sangre
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.