Texas Rangers

«One riot, one ranger.» — doctrina de la casa: por cada quilombo, con un solo ranger basta

Que un cuerpo de orden se resuma en cuatro palabras dice más de un territorio que cualquier censo. En Texas el orden público no descansa en masa de tropa sino en individuos: cada ranger que cabalga la frontera concentra, él solo, el peso entero de la institución. De ahí su fama, que las voces del camino repiten sin adornarla: «los Rangers de Texas son muy duros».

Estatuto y jurisdicción

Los Texas Rangers son autoridad de orden del lado tejano, institución distinta de los U.S. Marshals y de la State Police, con quienes coexisten sobre la misma línea. Sus funciones están lo bastante definidas como para que exista, en el habla común, la figura del «Texas Ranger que se ha sobrepasado sus funciones»: donde hay exceso reconocible, hay reglamento.

Son ellos quienes definen quién es forajido en Texas — y conviene saber que la categoría es allí moneda corriente: «son forajidos en Texas, no es algo muy extraño». Pero tenerlos en contra cambia el estatus de un hombre en todo el territorio; en las listas de agravios se enuncia como colofón: «hasta los Texas Rangers están enemistados con ustedes».

Del cuerpo mismo, la integridad no es pareja. «Dicen que hay uno corrupto, hay otros que no» — y el corrupto puede ser, precisamente, el interesado en perseguir a un grupo determinado. Un cuerpo que actúa de a uno se controla mal: la doctrina del ranger único es economía de hombres sobre un territorio enorme, y la corrupción individual es su sombra inevitable.

La convocatoria

Desde la frontera se puede «llamar a los Texas Rangers» pidiendo refuerzos: existe, pues, una cadena de convocatoria alcanzable desde el terreno. Y hace falta, porque la línea tejana es una frontera con exceso de autoridades superpuestas y déficit de presencia — Rangers, Marshals y State Police cubren la misma raya, y aun así desde el campo se sigue pidiendo «alguien que nos venga a proteger».

La casa de Austin

Donde el ranger se dispersa, el Estado concentra. En Austin, Texas, «acaban de construir una séptima maravilla»: una casa de gobierno gigantesca, «un lugar inmenso», «un edificio neoclásico» de obra recién terminada, que aloja bajo un mismo techo el gobierno, un sector de cortes y un patíbulo. Juicio y ejecución quedan así en el mismo lugar del que emana la autoridad — el sistema cierra en Austin.

El territorio

Operan en Texas y en su frontera, patrullando y protegiendo la línea. Las praderas tejanas «son más verdes» que otras regiones. El estado es vasto: atravesarlo desde Luisiana tomó una semana de viaje. Y aunque Texas queda a miles de kilómetros del Ártico, quede anotado para el viajero: «hay formas de llegar».

Advertencias del cronista

De la figura del ranger, este archivo guarda la doctrina y la fama, pero no el retrato: ni ropa, ni insignia, ni armamento, ni siquiera si cabalga. No sabemos si el cuerpo tiene sede propia, ni si la maravilla neoclásica de Austin los aloja. No sabemos cuántos son, ni quién manda a quién, ni por qué medio se los «llama» desde la frontera ni cuánto tardan en llegar. El reparto de jurisdicción con los Marshals y la State Police queda sin trazar. Nadie nombra al ranger corrupto, ni al que se sobrepasó. Nadie dice quién levantó la casa de Austin, ni por qué se la cuenta séptima entre las maravillas, ni cuáles serían las otras seis. Y la pregunta más elemental sigue abierta: qué frontera, exactamente, patrullan. El que sepa, que hable; este cronista no completa lo que las voces callaron.

Véase además: U.S. Marshals


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.