Tanari

«¿Es un tanari?» — pregunta de reconocimiento, recogida en medio de un combate entre árboles

Que la pregunta exista ya dice mucho: los tanaris se conocen, se clasifican, se identifican a golpe de vista por quienes los enfrentan. No son prodigio único sino clase del bestiario de Vala — demonios caóticos y malvados, de cuerpo serpentino, maestros de los portales, con los que —y esto es lo que los vuelve peligrosos de verdad— se puede pactar.

Anatomía del que repta

El cuerpo es de «serpiente, una anguila»: alargado, sinuoso, sin patas de porte. Pero no es un cuerpo desnudo: lleva «dos garras», y los que estuvieron cerca notaron «las garritas chiquitas que tienen» — accesorias, de agarre, no el arma principal. Las voces del archivo mencionan además «patillos» como rasgo que permite reconocerlo; qué son exactamente, nadie lo describió.

Se desplaza reptando, «como una serpiente entre los árboles tipo del paraíso»: locomoción trepadora y arbórea tanto como rastrera. Y su arma verdadera no es la garra sino el «breath», un «blast of boiling water» — un aliento de agua hirviendo que descarga sobre varios blancos a la vez. Las garritas son chiquitas; el aliento es lo que compensa. Terminado el enfrentamiento, se retira reptando entre los árboles, como vino.

De color, tamaño, olor y sonido, el archivo calla.

El maestro de los portales

En combate, el tanari es una bestia física. Fuera del combate es otra cosa: «es un maestro de los portales». Su dominio propio es el tránsito entre planos — y si uno se lo cruza en este plano, entre árboles, es porque el demonio pudo o quiso cruzar. Eso lo vuelve entidad estructural del mundo, no encuentro suelto: el tanari es un mecanismo por el cual algo pasa de un plano a otro.

Y pacta. Queda registrado al menos un caso de alguien que «tuvo un vínculo, hizo un pacto con un Tanari». Qué se ofrece, qué se recibe, qué se firma y con qué tinta — nada de eso consta. Que el pacto existe, sí. El que negocie con un demonio caótico y malvado, que negocie sabiendo eso.

El nombre repetido

Aquí conviene pisar el freno. El mismo nombre aparece adherido a una fundación civil: el orfanato donado por Don Tanari, benefactor histórico. Las voces comparten la forma del nombre pero no anudan el vínculo. ¿Es Don Tanari un demonio con tratamiento de señor? ¿Un pactante que tomó el nombre de su acreedor? ¿Un linaje humano homónimo? ¿Pura coincidencia de sílabas? El archivo no lo resuelve, y este cronista no lo va a resolver por él. Pero anótese: en Vala, un orfanato que lleva nombre de demonio es cosa que merece una segunda mirada.

Advertencias del baqueano

Lo que no se sabe pesa tanto como lo que se sabe. No hay censo: ¿cuántos son, de qué plano vienen, hay poblaciones o son apariciones sueltas? ¿El dominio de los portales es de cada individuo o de toda la casta? Queda abierta también la cuestión del cuerpo: si la forma serpentina es su cuerpo verdadero o una forma que adopta — la propia fuente deja en el aire si «adopta forma o comportamiento serpentino». Y sobre la marca «maldita» que le cuelga la primera mención: si es epíteto, condición o categoría, nadie lo fijó. El que se tope con uno, mire las garritas, escuche el agua hirviendo, y no firme nada.

Véase además: — el archivo no anuda remisiones establecidas para esta entrada; Don Tanari y su orfanato aguardan ficha propia.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.