Stormy Carter

«Stormy Carter, me dicen. Traigo vientos de tormenta.» — fórmula de presentación del propio Stormy, recogida por las voces del archivo

Así se anunciaba, y así queda anotado: el nombre y su glosa en una misma frase, porque Stormy y tormenta son la misma palabra dicha dos veces. Bardo negro, guitarrista, soldado breve del décimo regimiento de caballería de los Buffalo Soldiers, compañero de una banda que lo vio morir y que cargó con lo que quedó de él. Esta entrada es, en rigor, un acta funeraria.

Del regimiento a la guitarra

Antes de la compañía estuvo la caballería: Stormy perteneció al décimo regimiento de Buffalo Soldiers, y su paso por ahí fue breve. Por qué breve —baja, deserción, licencia— el archivo no lo dice. Lo cierto es que el hombre que llegó a la banda no se definía por el sable sino por el instrumento: tocaba la guitarra, hacía canciones, y las usaba como carta de entrada ante los extraños. «Señorita bienvenida, le toco una canción de bienvenida»: la música era su modo de instalar un vínculo antes de cualquier otra cosa. Soldado primero, bardo después; el anuncio de sí mismo —los «vientos de tormenta»— como puente entre las dos vidas. Si esa fórmula era poder efectivo, apodo o pura ceremonia, nadie lo estableció.

La muerte

Lo mató el dragón transformado en conejo. En el combate Stormy fue cuerpo expuesto: recibió rayos —se le preguntó por su resistencia a la electricidad; tenía «5 de electricity»— y uno de esos rayos lo despidió por el aire: «Stormy vuela al mar», dice el registro, y conviene leerlo como lo que es, el efecto del golpe, no un don de vuelo. Al final quedó «sin la pierna»: el conejo se la cortó, y la extremidad quedó suelta en el campo, lo bastante como para que un compañero la levantara al grito de «¡Yo agarro la pierna!». Qué se hizo después con esa pierna, el archivo lo calla. Se dice que al morir gritó palabras inspiradoras; cuáles fueron y a quiénes iban dirigidas, tampoco quedó escrito. En el orden de la acción su nombre aparece pegado al de otra figura —«Stormy y se prepara Fermi»—, vínculo que nadie explicó.

El protocolo del muerto

Su muerte ordenó la jornada entera. Interrumpió el reparto del botín —«déjense eso… nuestro compañero que murió, por el amor de Dios»— y puso en marcha, tramo a tramo, un mismo protocolo funerario. Primero, recuperar lo que quedó: el cuerpo («tengo el cuerpo de Stormy acá»), la pierna, la guitarra, las 4500 monedas de oro que llevaba encima. Segundo, ponerlo en tierra consagrada: recibió «un santo sepulcro», lugar nombrado sólo por su calidad sagrada y no por su geografía. Tercero, devolverlo al grupo en forma de música: «Aquí recordaremos a nuestro amigo Stormy y a la noche tocaremos canciones».

A ese protocolo se le suma una cláusula extraña: la prohibición. «¡No hables de Stormy!», quedó dicho — y si es duelo, tabú, o precaución ante ciertos oídos, este cronista no lo sabe.

Lo que hereda

De Stormy quedó en el mundo lo material y lo repartible: la guitarra pasó a otro compañero —«me quedé con la guitarra de Stormy»—, y con ella pasó el oficio: el rol de músico de la banda no murió con el hombre, se transfirió. Las 4500 monedas de oro constan en su poder al morir; su destino —reparto, entierro con el cuerpo, custodia— no consta. Su linaje, si esta entrada merece la palabra genealogía, es ese: no de sangre sino de instrumento. Lo que Stormy engendra es un músico siguiente.

Advertencias del cronista

De su rostro, su edad, su estatura, su ropa y hasta de la clase de guitarra que tocaba, el archivo no dice nada: Stormy Carter es poco cuerpo y mucho atributo, una fórmula de presentación, un rayo, una pierna suelta y una tumba. Dónde está el santo sepulcro, qué lo hace santo, qué culto lo consagró y quién ofició el rito: preguntas abiertas todas. El que quiera saber más, que espere a la noche, cuando la compañía toque canciones en su memoria — porque ése es, por ahora, el único documento que existe.

Véase además: el décimo regimiento de caballería de Buffalo Soldiers · el dragón transformado en conejo · Fermi · la guitarra de Stormy.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.