El Negro

Nota de archivo, escrita a media luz. El Negro es un dragón — así lo afirma el registro con voz firme — y a la vez un anfitrión: los cronistas anotan que está «poseído» por una entidad desencarnada que se dispersa como vapor cuando muere el cuerpo que la aloja. Se dice de él que es maestro de todos los símbolos arcanos, que se dedica al estudio en la biblioteca electromágica consultando textos, y que fue él quien creó originalmente las guardas o custodios que protegen el tiempo. Un aura profana lo envuelve, desviando o neutralizando el hierro de las armas; cuando alguien se le opone, clava una espada en el corazón. Fue capaz de atravesar así el corazón del padre de Pablo — y el archivo se apura a aclarar, como quien despeja una sospecha genealógica, que el Negro no es hijo de Pablo.

Las jornadas de los Templarios lo sitúan en escenas que no terminan de encajar entre sí: sentado en el lugar de las cortinas, aplaudiendo la llegada de los viajeros; apareciendo cuando el Flamenco — el viejo — se retira de la escena, aunque este último trazo llega con tinta dudosa y este cronista lo deja donde está. Lo más grave que se le atribuye es también lo más escueto: el Negro hizo que Terra y Antiterra quedaran vinculadas al Abismo. Cómo, cuándo y a qué precio, el archivo calla.

Veintinueve hechos constan y apenas dibujan la silueta de la sombra. Quien haya visto sus cortinas, sus guardas o su biblioteca, que lo deposite en el archivo: esta nota es un aplauso esperando saber a quién aplaude.

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CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.