Mr. Wolf
«Yo les voy a entregar el corazón una vez que me den la gema.» — palabra de Mr. Wolf, sostenida bajo presión
Fíjense en el traje primero, porque él quiere que miren el traje. «Traje impecable», porte de señor, algo español o algo italiano en la manera. Después miren mejor: «se agarra la cabeza y ves que le falta una oreja al tipo este». Ese es Mr. Wolf entero en dos imágenes — un caballero presentable que ya pasó por cosas irreparables. Y adentro, o donde debería estar el adentro, la cosa que todo el mundo persigue: un corazón de plata.
El cofre que camina
La lógica de Mr. Wolf es una sola: un cuerpo que es también un cofre. El corazón de plata es a la vez la pieza que lo mantiene andando y el tesoro que lo vuelve secuestrable. Capturarlo a él es capturar el corazón — y así lo capturaron: «lo agarraron con Mr. Wolf, la gema y el corazón», el par entero de un solo golpe. En el presente, la cuenta le da mal: «le han sacado el corazón a Mr. Wolf». Desposeído, «contaminado, está envenenado», se lo ve «retorciéndose» mientras habla. El aliado operativo pasó a ser un rehén y una deuda.
Pero no un rehén cualquiera. Sobre él pesa una instrucción de protección, escrita, de esas que se guardan en el bolsillo: «me lo anotó acá en un papelito que me llevo: no lo mates, era bueno». Y bajo tortura, la línea dura, seca: «no cedan ante ellos».
Lo que pone sobre la mesa de canje
Tres cosas aporta a la compañía. Una: «él puede detectar las mentiras» — con Mr. Wolf delante, mentir deja de ser gratis. Dos: el lobo. Cuando pelea no usa el traje para nada; se tira encima de la presa e «intenta capturarlo de las patas». Tres, y sobre todo: el corazón como moneda. El canje es explícito y él mismo lo fija: «no voy a tener el corazón una vez que me den la gema». Tasa de cambio limpia — un corazón de plata, una gema. Gema y corazón circulan en par porque cayeron en par.
Detectar mentiras y ser «bueno» lo colocan del lado de la palabra empeñada. Que es exactamente lo que se le exige en el canje.
Tres puntos en el mapa, quinientos años en el reloj
Madrid, 1887: los «galistas» lo iban a fusilar. No lo mató el pelotón — de esa época queda la estampa de «un Mr. Wolf de los 1880», con patillas. Iron Mountain: destino que él mismo anunció, «porque acá había un portal» — «se lo dijo a Judy y a mí», y de ahí queda registrado un pacto entre Wolf y Judy. La torre: de ahí «se llevaron a Mr. Wolf y se quedaron algunos de sus compañeros». Durante el tramo largo, sin embargo, está «con ustedes, también afectado»: no se lo llevaron.
Y sobre todo esto, la afirmación que dobla el tiempo: es «el mismo del pasado… de hace 500 años», y camina con la compañía en el presente. Mr. Wolf es la prueba viva de que algo de hace cinco siglos —o de 1887, que desde 1987 se cuenta como «hace 100 años»— sigue caminando hoy. Viaja hacia donde hay pasajes, y él mismo es un pasaje.
Sombras alrededor
«La mujer» lo abraza — quién es, el registro no lo dice. Un papel de dossier lo señala como «el de plomo que defiende a Miguelito», atribución externa que el Narrador nunca ratificó, y que rechina: su corazón es de plata, no de plomo. Corre además la identificación con un tal Petro Wulf, sugerida y jamás resuelta.
Advertencias del cronista
Anoto lo que no cierra, porque en este oficio lo que no cierra es lo que importa. La edad: quinientos años no se concilian con «un Mr. Wolf de los 1880» ni con Madrid 1887; quedan las dos versiones sin elegir — el mismo ser en dos épocas, dos apariciones, o una confusión de los registros. La custodia: un testimonio dice que lo agarraron con la gema y el corazón; otro, que ya se lo sacaron. Si en el presente el corazón está en su pecho, en manos de los captores o pendiente de entrega, nadie lo fijó. La nacionalidad: «es un español o italiano, pero vivió mucho con él» — y ese «con él» quedó sin referente. La oreja: nadie dice quién se la sacó, ni cuándo, ni si tiene que ver con el corazón. El veneno: sin origen, sin autor, sin cura conocida. Los «galistas»: nombre roto en las voces del archivo; no se sabe qué facción de Madrid lo quiso fusilar ni por qué «mandaron a una chica adelante». Sus compañeros de la torre: mencionados, jamás nombrados. El detector de mentiras: sin regla — ni radio, ni frecuencia, ni si falla. Tampoco se resolvió si es «el tipo misterioso del Cadillac». Este cronista deja las preguntas abiertas; el que las cierre por su cuenta, miente — y a Mr. Wolf no le conviene mentirle.
Véase además: Iron Mountain
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.