Monte Hermoso del Fuego

Itinerario para el que vuelve: se toma el Camino del Fuego rumbo al sur —no muy lejos, dicen los baqueanos, aunque «no muy lejos» son ciento veinte o ciento treinta millas, unos doscientos kilómetros por la cuenta larga— y al final del camino espera el monte. O no espera: porque este monte, a diferencia de todos los demás montes de Vala, a veces se levanta y vuela.

Territorio y embajada

El Monte Hermoso del Fuego no es solo geografía: es «territorio, una embajada celestial» plantada en suelo del mundo. Allí se prueban las almas. Su cuerpo está organizado en siete niveles de ascenso, «como si fueran siete áreas de purgatorio al que uno se eleva y llega al paraíso terrenal»: subir el monte y purgarse son el mismo movimiento. La escala moral completa está apilada en su propia altura —volcán en la base, siete estratos de purga encima, paraíso terrenal en la cima— y cada nivel opera como estación de esa prueba, aunque de lo que aguarda en cada estación el archivo calla.

El volcán en disputa

En la base hay un volcán, y sobre él corren dos versiones que nadie ha reconciliado: «unos dicen que está inactivo pero otros dicen que de vez en cuando se lo ve activo». Este cronista consigna ambas escuelas y no toma partido; el viajero prudente asuma la peor.

La disputa mayor, sin embargo, no es geológica sino teológica. «Para algunos es un mundo redencido. Y para otros es un nido de fanáticos.» Y queda registrada, sin respuesta, la pregunta que el monte le arranca a quien lo piensa: «¿por qué si es un ser diabólico en el seno de este mundo había un lugar llamado el Monte Hermoso del Fuego?». Quién es ese ser diabólico y qué trato tiene con la embajada celestial, los registros no lo establecen. La pregunta queda abierta como quedó dicha.

Cuando el monte vuela

Su ubicación no es estable. En su fase volante el monte se desplaza y «cubre toda la ciudad» que tiene debajo: masa suficiente para taparla completa, una población entera bajo su sombra. La ciudad no tiene nombre en el archivo, pero sí veredicto: es, «para los ángeles, una ciudad del pecado». El monte que apila purgatorios hacia arriba encuentra así su término inferior hacia abajo — la escala se completa con la ciudad que eclipsa. Se estimó alguna vez que «puede que llegue en 5 horas», cifra dicha al vuelo y nunca fijada.

Cómo vuela, qué lo pone en movimiento, si el vuelo es su estado o su excepción, y qué le ocurre a la gente de la ciudad mientras dura la sombra: nada de eso consta.

Punto de origen

El monte precede a la gesta y no es destino opcional: quedó dicho a la compañía, «Ustedes vienen de allí, del Monte Hermoso del Fuego». Los compañeros no van hacia el monte; vienen de él. Es la clase de lugar que no se visita sino que se carga.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. Del monte no hay un solo dato de superficie: ni color de roca, ni construcciones, ni olor, ni sonido — solo la escala y la estratificación. Los siete niveles no están descritos por dentro; los presuntos fanáticos no tienen número, culto ni jerarquía; del Camino del Fuego no se sabe si llega hasta el monte, sale de él o corre por sus entrañas. Y una precaución de nomenclatura: no todo lo ígneo del sur pertenece al monte. Los fuegos fatuos —ritos de «gente que se tapan las caras detrás de máscaras de madera» que atraen viajeros a su muerte— se registran en el Valle de la Tempestad, que es otro lugar; y la serpiente de fuego anda por el archivo bajo el mismo signo ígneo sin que nadie la haya atado al monte. El fuego comparte nombre, no necesariamente casa.

Véase además: Valle de la Tempestad — donde arden los fuegos fatuos, sin vínculo establecido con el monte.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.