Marina
«Guíanos a tu amarcha hacia la Londra, por favor.» — fórmula de invocación, recogida sobre el mar abierto
Hay potencias que exigen incienso, y potencias que exigen oro. La que aquí se glosa no acepta ninguna de las dos monedas: Marina —también dicha Agua Marina— cobra en combate y en cadáveres, y a cambio empuja barcos. Es diosa del mar, de cinco metros, y es una sola. Este cronista no ha hallado registro de culto, de templo, ni de otras diosas del mar que le hagan compañía: su divinidad se ejerce entera en el trecho concreto de agua donde se la encuentra.
De su figura
Quien la ve por primera vez la describe con torpeza justa: «es como un chabón gigante parado ahí». De pie sobre las olas, antropomorfa, «fuerte y bien definida, líquida», con los músculos a la vista bajo un cuerpo que es agua con forma. El pelo, azul. Pero lo que los testigos describen primero, y lo que vuelven a describir al mirarla de nuevo, es la boca: al aparecer, «estos dientes están hechos como de perlas, perlas»; al medirla para el enfrentamiento, «los dientes son de perro». Ambas descripciones son de la misma criatura y de la misma boca, y ninguna voz las corrigió después: dientes caninos, de materia de perla. Así conviene retenerla — un cuerpo de agua con dientes, que come muertes y devuelve velocidad.
Cuando trabaja, no se la ve moverse a ella: se mueve el mar. «Las aguas empiezan a agitarse abajo», y el barco anda.
De su ley
Marina está atada al agua por una regla que es a la vez territorial y corporal: «mujer del mar, permanece en el mar o terminará sin pies». Si esto es maldición, ley del mundo o simple descripción de su anatomía fuera del agua, el archivo no lo aclara; lo cierto es que no sale de ahí.
Del pacto
El trato que acepta es doble, y quedó dicho con precisión: «me prometen un buen combate y además que van a entregarme todos los cuerpos que caigan». Toda muerte ocurrida en el combate le queda, así, dedicada a ella. Cumplido el pacto, agita las aguas bajo el casco y el barco «se mueve igual, hacia la Londra, se mueve rápido», sin depender de vela ni de remo. Es la diferencia entre llegar y no llegar: a su empuje, La Londra queda a tres o cuatro horas del punto del encuentro. Quien navega esta ruta depende de poder pagarle en cuerpos — y eso convierte cualquier combate a bordo, o cerca de ella, en tributo.
Se la halla sobre el mar abierto, en la ruta de La Londra, hacia las siete de la tarde. En la disposición del enfrentamiento ocupa el espacio de cuatro cuadrados: potencia de una sola pieza, pero de pieza grande.
Del mar que habita
Su mar es a la vez paz y osario. Debajo de la superficie —«pasando las olas esas»— «hay mucha paz» y «hay mucha materia de oxígeno». Encima y en la costa, en cambio: «criaturas marinas, medio pescadoides» que buscan activamente un cofre, y otras «criaturas marinas que están muertas en la costa que han exhalado su último aliento». Marina está en el centro de ese conjunto. Si las pisciformes le pertenecen, la sirven, o son fauna que nada por cuenta propia, ninguna voz lo estableció.
Advertencias del cronista
Consigno aquí, con la humildad del que copia y no del que sabe, lo que el archivo deja abierto. La fórmula de invocación pide ser guiado «a tu amarcha»: la palabra quedó fijada así, entre amargura y marcha, sin que nadie decidiera cuál es ni qué designa — la dejo intacta, porque las palabras dichas al mar no se enmiendan en tierra. Tampoco sé cómo se le entregan los cuerpos: si se arrojan al agua, si se le nombran, o si basta la promesa; ni si presta su servicio a cualquiera que pague o si el pacto fue único; ni qué le ocurre al que promete cuerpos y no los da — sospecho que la boca de dientes de perro es respuesta suficiente, pero sospechar no es saber. No sé si habla, ni en qué lengua, ni si «Agua Marina» es nombre ritual o mera variante. No sé hasta dónde llega el tramo de mar en que puede empujar un barco. Y queda una duda que el propio archivo marca como expresa: a bordo se registró una Marina entre las gentes del barco —«¿A quién le toca? Marina no sabe lo que está pasando. No, Marina se fue»—, y nadie estableció si esa Marina es la diosa, una persona distinta, o un nombre confundido con otro. El que navegue esa ruta, que no conteste por mí.
Véase además: La Londra
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.