María Cristina Verrier
«Esta muchacha, para algunos conocida, porque es periodista.» — así se la presenta en los registros: conocida, no célebre; nombrada, no descripta
Antes que por el trato, se la conoce por una fotografía. Existe una foto suya que circula, que se describe y se recuerda —«cómo estaba, cómo era la foto, todo lo que vos me describiste»—, y ese es todo el retrato que este archivo conserva: el objeto que la muestra, no lo que el objeto muestra. Veintisiete años en 1966 —un registro alterno concede «26, 27 años»—, periodista y dramaturga, hija de un juez que fue de la Corte Suprema, y pareja de Dardo Cabo.
Tres pertenencias que no van juntas
Su posición en el mundo se sostiene sobre credenciales que normalmente no se encuentran en la misma persona. El oficio, doble: el diario y el teatro, el ambiente porteño del periodismo y la escena. La sangre: hija de un miembro de la Suprema Corte, «alguien que fue miembro, ya no lo es más» — el cargo cesado no borra el apellido. Y el vínculo: novia del hombre que dirige un secuestro aéreo.
En el medio, un estado civil que no eligió sostener: «Estaba casada, no existía el divorcio, y había tenido un hijo.» La ley del país, no una decisión suya, es lo que fija ese matrimonio mientras ella es la novia de otro. Prensa, tribunal, familia legal: todas formas de estar dentro del sistema, puestas del lado de quien lo asalta. Por eso la fotografía es el objeto que la representa — es lo que hace pública la contradicción.
La estancia
Llegó varias veces de visita, acompañando a Cabo antes de que él cayera preso. «Vinieron con María Cristina», dice el registro; y se la nombra allí como «la novia nueva», fórmula que deja entender que por la estancia ya había pasado otra. Fuera del avión, esta es toda su presencia: lateral, de acompañante, recordada más por quién venía con ella que por lo que hizo.
Del ambiente del oficio queda un solo vínculo con nombre: Laurita, colega periodista. El periodismo funciona ahí en los dos sentidos a la vez — como puente («me interesa ser amiga de Laurita porque yo también soy periodista y mujer») y como rivalidad que produce celos («también de ella periodista, ¿cómo iba a poder yo?»).
El vuelo AR-648
Participa del secuestro del vuelo AR-648, dentro del avión, durante el Operativo Cóndor. Y ahí ocurre el hecho que la vuelve central: se le ofrece la salida, y la rechaza. Pudiendo ser liberada, decide quedarse con Dardo Cabo.
Esa decisión cambia la naturaleza del episodio. Un operativo del que una mujer pudo bajarse y no se bajó ya no puede leerse solo como acción de comando. Su apellido pesa hacia afuera —una hija de la Corte Suprema adentro del avión no es una participante más— y su oficio hace que el hecho pueda contarse desde adentro, no solo informarse desde la vereda. Los registros fijan la decisión, no el motivo: si entendió su participación como militancia, como reportaje o como acompañamiento de pareja, es cosa que el archivo no establece y este cronista no va a suplir.
Lo que el legajo no dice
El registro es honesto en sus silencios, y conviene enumerarlos. No hay una sola línea de descripción física: ni estatura, ni pelo, ni ropa, ni cómo habla — la foto se menciona y se describe, pero lo que muestra no quedó asentado. El oficio doble se afirma cinco veces y nunca se especifica: qué obras escribió, en qué medio ejerció. De la familia legal no se fijó nombre alguno: ni el marido, ni el padre juez, ni el hijo; tampoco dónde está ese hijo durante el operativo, ni qué edad tiene. No se sabe qué función cumple ella dentro del avión — se registra que se queda, nada más. Y no hay ubicación doméstica: dónde vive, de dónde es, de qué vive.
Queda además una confusión de legajo que se declara sin resolver: bajo la misma entidad entró María Estarzenboraín de Torres, asesora de Borges en la Biblioteca Nacional — persona distinta, cuyo vínculo con Borges y con la Biblioteca no corresponde a Verrier. Si es una tercera persona ajena a esta entrada o un accidente de las voces del archivo, no está decidido. El que consulte, no las funda.
Véase además: Dardo Cabo
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.