Mano Negra

Quien escribe esta página lo hace con el pudor de quien redacta el estatuto de una sociedad que no tiene estatuto. De la Mano Negra no se conoce insignia, ni sede, ni contraseña, ni el modo en que sus miembros se reconocen entre sí. Se conoce su nombre, y una fórmula de bienvenida que vale por escudo de armas: «bienvenidos a Rusia de la Mano Negra». Con eso —un nombre y un saludo— sostiene su fama de organización cuyos miembros «matan gente a través del tiempo».

Del territorio que reclama

La Mano Negra es un círculo de Serbia: así se la identifica, y ésa es su raíz. Pero su geografía declarada la excede en dos direcciones. Hacia el este, Rusia entera se presenta como territorio suyo —a tal punto que «Rusia» y «la Mano Negra» pueden nombrarse juntas como una sola amenaza—. Hacia el sur, «algunos dicen que está asociado además con montenegrinos que hablan de una organización secreta». Una sola organización, sin capítulos ni facciones conocidas, y sin embargo desplegada de tal modo que no puede ser localizada en ninguna parte. Y su dominio no termina en la tierra firme: quedó dicho como amenaza cierta que «la Mano Negra nos retendrá en el océano», aunque nadie ha explicado con qué medios ejerce poder sobre el mar.

El día señalado

El hecho fundacional de la sociedad en el mundo es un magnicidio: «la Mano Negra en el asesinato de Franz Ferdinand», en el año 1914. Y es sobre ese episodio que el mundo fija la regla más fina que este cronista haya copiado sobre cómo se sostiene un atentado. De los conspiradores presentes, tres no hicieron nada el día señalado, pese a tener plena conciencia de la importancia de lo que se tramaba; dos sí hicieron algo. Se sabe además que «varios dudaron hasta el mismo momento de la fecha». La lección es que la presencia inerte de los que no actúan es lo que da impulso a los que actúan — y que la contingencia es reversible: «si ya los corrés, esos dos tal vez no tienen el impulso, porque tal vez los otros tres ni siquiera se presentan».

El arte de matar a través del tiempo

De esa regla nace la verdadera naturaleza de la sociedad. Porque si un magnicidio depende de quién estuvo, quién faltó y quién dio el impulso, entonces la misma lógica puede aplicarse a cualquier fecha: basta operar sobre esas presencias. Correr a dos conspiradores altera si el atentado ocurre. La Mano Negra es, por eso, algo más que la conspiración de 1914: es el agente capaz de intervenir en un acontecimiento histórico sin aparecer nunca en él. Su arma no es el puñal ni la bomba, sino la coincidencia — la red de gente que se presenta o no se presenta a una cita.

Cómo se ejecuta ese arte —si hay un método, un instrumento, una condición— es cosa que la sociedad no ha dejado escrita, y que este cronista no va a suplir.

De perseguidos a miembros

Hacia afuera, la Mano Negra funciona como amenaza y como perseguidor: se la sospecha detrás de los pasos de una compañía, se la invoca como lo que puede cerrar el océano. Hacia adentro funciona como pertenencia: «es parte de la Mano Negra» es a la vez una acusación y una identidad. Y aquí el registro guarda su vuelta más extraña: un grupo de compañeros dejó dicho «nos convertimos en la Mano Negra». La sociedad, entonces, no sólo persigue: puede ser ocupada. Deja de ser enemiga para ser un lugar. Si hubo iniciación, reclutamiento o suplantación, nadie lo consignó; el verbo que quedó es convertirse, y ese verbo, en una sociedad sin puertas conocidas, es más inquietante que cualquier rito.

Advertencias del cronista

Debo ahora limpiar esta página de lo que no le pertenece. Bajo el nombre de la Mano Negra los registros arrastraron dos materiales que ningún hecho vincula con la organización: una piedra negra —una sola, guardada en un cofín dentro de un cofre, llamada también «filarteria» o «piedra de Apocalipsis»— y la Peste Negra, que se llevaba «millones», aproximadamente la mitad de la población. Las tres cosas comparten un adjetivo, no una historia. Si el mundo esconde una relación deliberada entre la sociedad, la piedra y la plaga, las voces del archivo no la pronuncian, y este cronista se niega a fundarla por eufonía.

Queda además sin saber cuántos son, quién dirige, si hay jerarquía; qué quiere la sociedad más allá de sus asesinatos; y con qué medios retiene a un barco en el océano. La vinculación del episodio de 1914 con Apis y con Sarajevo circula sólo como glosa de terceros, no como palabra ratificada: el viajero prudente la tomará como rumor. Cuando el archivo dice, con toda su pobreza y toda su exactitud, que «la Mano Negra es algo», está registrando lo único que puede registrarse: que su naturaleza exacta es, dentro del mundo, materia de sospecha y no de conocimiento.

Véase además: Círculo de Serbia


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.