Malvinas

Ficha de un archipiélago pobre y lejano, levantada para el que tenga que ir: 543 kilómetros desde Río Gallegos, en barco «menos de una semana, 4 o 5 días», sin pista de aterrizaje formal a la llegada. Lo que hay para bajar un avión es «una especie de cancha de hipódromo… pero sin gradas». Con eso alcanza para entender el resto.

La roca mal cubierta

La lógica del lugar es la de una roca vieja mal cubierta. Debajo, el basamento: rocas «de las más antiguas de todas», del Mesoproterozoico o el Arcaico, conectadas geológicamente con el mesocratón. Encima, «una capa de cierto terreno que no es fértil, no se puede cultivar una mierda», pero «sí es suficientemente bueno para el pasto. El pasto ¿de qué? De ovejas». Sobre el pasto, ovejas; y donde la tierra no da, se vive del mar: hay una parte «que es más lobería», y pescadería.

De esa cadena se sigue todo lo demás. Sin árboles no hay reparo del viento; sin agricultura no hay pueblo denso, sino «casas bajas» y casas aisladas separadas por decenas de kilómetros; sin población densa no hay caminos, sino ruta a medio marcar; sin caminos ni tráfico no hay aeropuerto, y queda la cancha de hipódromo.

El terreno

«Es casi todo chato»: hay islas «que están totalmente planas» y otras con relieve. Sobre esa llanura aparecen montes dispersos —«hay varios montes en la zona; no son enormes, pero como ha estado tan plano, se notan mucho»—. Alrededor de Puerto Stanley, la cabecera, el terreno es plano, con algunos puentes altos. Cruzan la superficie los ríos de piedra: cauces de pedregal donde «puede ser que haya quedado una corriente de agua, pero de abajo y glaciar».

En un terreno así, los montes que «se notan mucho» y los ríos de piedra son los únicos accidentes que orientan. Funcionan como referencias de navegación terrestre, y hace falta quien sepa leer escala y roca —Irene, «la que sabe rocas y mapas»— para convertir una marca en el mapa en un punto real del interior. Consta un estudio con mapa detallado de la geografía de las islas y otros elementos de cartografía.

El clima

«Un frío» con «bastante viento». En su versión más dura: «Es insoportable, estás pegado de agua, frío, mucho viento en esas zonas. No hay un fucking árbol. No hay nada, no hay ni capelos». El frío entra por las puertas abiertas «a pesar de ser primavera», y al atardecer, mientras «todavía hay unos rayos de sol», «empieza a ser más frío». En verano las noches son cortas: a las dos o tres de la mañana quedan «por lo menos dos o tres horas más de oscuridad» hasta el alba.

El interior

A 20 o 30 kilómetros de Puerto Stanley, tierra adentro, hay un lugar al que se llega por «una especie de ruta medio marcada y circuitada, pero no llega hasta el lugar exacto». En ese interior se levanta al menos una casa aislada, habitada por Betsy Ann Clark, la que señala el lugar en el mapa. La población que consta es escasa y dispersa: pescadores, un gobernador, la casa del gobernador.

Sobre los pescadores pesa un dicho de Betsy Ann Clark —dicho de ella, no verdad establecida—: «Mezclan los pescadores. Son malvados. Hacen cultos muy malvados».

El pleito de la soberanía

Es «un problema nacional». El nombre no viene «por el malvado»: viene de Saint-Malo, el puerto francés del que salieron los colonos cuando las islas eran colonia francesa. El reclamo argentino se remonta a la Revolución de Mayo, cuando figuras como San Martín afirmaban la soberanía sobre las islas.

Una resolución de las Naciones Unidas de 1965 —las voces del archivo la fijan como la Resolución 2065, de diciembre de ese año— aborda la soberanía: «dijeron que hay que descolonizar», y la cuestión «se empezó a charlar todavía más en el 66». Sobre el papel, un contraalmirante fue designado, unos dos meses antes de septiembre de 1966, gobernador de Ushuaia, islas del Atlántico Sur y Malvinas, «pese a que obviamente no está ejerciendo gobernación». En los hechos hay un gobernador residente en la casa del gobernador — y durante el operativo, el titular «está en Inglaterra». Quedarse con la casa del gobernador es cómodo, pero «es el vendepatria».

Ahí está la anatomía del pleito: una resolución sin efecto en el suelo, un gobernador designado que no gobierna, otro residente que no es el titular. El sistema entero descansa sobre un archipiélago que es valioso por lo que significa, no por lo que produce.

Septiembre de 1966

El 28 de septiembre de 1966, el secuestro del avión: el operativo Cóndor —«por los cóndores»—, cuyos participantes, como Dardo Cabo «el taco», fueron arrestados después. El avión bajó donde se podía bajar: la cancha de hipódromo sin gradas. Todo lo demás se ordena respecto de las islas — la resolución, el gobernador ausente, el viaje de cuatro o cinco días, el aterrizaje.

Por debajo de la roca

Dos hilos corren por debajo de la historia visible, sin torcerla. Uno es geológico: la conexión de las Malvinas con el mesocratón era el objeto de «las investigaciones reales que hacía Harrington», de donde salen las muestras de «una piedra rara». El otro llega por el aire: el nombre de las islas aparece en transmisiones de radio junto a referencias geográficas anómalas, «un lugar tipo Cape May». Nada más que eso consta; nada más que eso se afirma.

Advertencias del cronista

Quien use esta ficha, sepa lo que le falta. El lugar interior a 20 o 30 kilómetros de Puerto Stanley no tiene nombre en el archivo, y la ruta «no llega hasta el lugar exacto»: cómo se cubre el último tramo, no consta. El gobernador residente en la casa del gobernador tiene cargo pero no nombre; el contraalmirante designado, tampoco. Cuántos habitantes tiene el archipiélago, y cuántos asentamientos además de Puerto Stanley, nadie lo contó. Los «cultos muy malvados» de los pescadores son dicho de Betsy Ann Clark: el archivo no adjudica si son reales. Por qué Malvinas suena junto a Cape May en las transmisiones, no se sabe. Y de las investigaciones de Harrington sobre el mesocratón constan las muestras y el objeto, no el resultado. Este cronista anota los vacíos y no los rellena.

Véase además: Puerto Stanley · Irene


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.