Laks
«Matan a los violadores etcétera de estos límites.» — así, con esa sequedad de acta, lo consignan las voces del archivo; y la sequedad es fiel al objeto.
Hay criaturas que se estudian por lo que son, y otras que sólo pueden estudiarse por lo que hacen. Los Laks pertenecen a la segunda estirpe: constructs sin emoción —creaciones mágicas, no nacidas— cuya única función es mantener la separación entre los planos de la realidad, y ejecutar a quienes violan esos límites. Este cronista no puede decir cómo lucen; puede decir, con certeza, qué ocurre cuando aparecen.
Del oficio
El Lak vigila. «Son grandes vigilantes»: su vista es superior, y detecta las brechas temporales cuando se producen. No está en ningún plano porque está en todos los bordes: su ubicación es funcional antes que geográfica. Se lo encuentra donde hay un límite planar que sostener, y «especialmente» en los bordes de los planos elementales. Viaja entre los planos —de modo que no pertenece a ninguno—, y aparece donde el límite se toca. Nadie los posee; no son propiedad, son guardia.
De su modo de obrar
Ante un violador de los límites planares, la respuesta base es la ejecución. Pero su repertorio es de contención antes que de destrucción pura: capturan, disipan, se teleportan, desintegran, levantan muros de fuerza. Resisten bastante la magia, de manera que el conjuro no es vía confiable contra ellos — y ahí está la ironía del diseño: están blindados precisamente contra el tipo de poder que emplearía quien viola un plano. Se sabe además que «saben usar muchas armas a la vez», lo que obliga a imaginar un cuerpo capaz de empuñar varias simultáneamente; imaginarlo es cuanto se puede hacer.
Queda una segunda vía, la más extraña en un ser sin emoción: «son grandes conversadores», y se puede llegar a negociar si es que es la única manera. La negociación es alternativa real, pero de última instancia, no trato ordinario. Este cronista lo entiende así: la conversación existe porque el orden prefiere el límite restaurado a la matanza.
De su naturaleza y su coherencia
Cada rasgo del Lak explica al vecino. La falta de emoción y la condición de construct garantizan que el guardián no pueda ser corrompido, persuadido por lástima ni tentado a cruzar por deseo propio. La vista superior y la detección de brechas cubren la vigilancia; la teleportación y el viaje entre planos, el desplazamiento hasta el punto de infracción; captura, disipación, muro y desintegración escalan desde la contención hasta la ejecución. Sensor, muro, ejecutor y negociador en un mismo cuerpo.
Por eso el archivo los llama «un muro de ley»: el orden legal cósmico encarnado en cuerpos armados. Su peso no está en cuántos son —número que nadie ha contado— sino en que constituyen el mecanismo mismo por el cual los planos permanecen distintos. Quien cruza un límite se encuentra con un Lak, o con nada.
Advertencias del cronista
Confieso los huecos, que son muchos y hondos. Nadie ha dejado descripción de un Lak: ni forma, ni materia, ni tamaño, ni cuántos brazos sostienen esas «muchas armas a la vez» — ¿qué se ve, exactamente, cuando uno aparece? Nadie ha dicho quién los construyó, ni si ese constructor sigue existiendo; son hechuras, y toda hechura tuvo mano y propósito. Nadie sabe cuántos son, ni si guardan unos límites con más celo que otros. De la negociación se sabe que existe; no qué acepta un Lak, ni qué concede, ni con qué se paga. Y quedan dos preguntas que este tratado deja abiertas con deliberación: qué cuenta exactamente como violación de un límite —pues ellos mismos viajan entre planos sin que nadie los ejecute—, y qué relación guarda la brecha temporal que detectan con la separación de planos que custodian. El que sepa, que escriba; el que no, que no cruce.
Véase además: Planos elementales
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.