La Pluma
«Vos oíste hablar de la pluma. ¿O no?» — pregunta corriente en el gueto, donde la fama llega antes que el hombre
Así entra en el archivo: no por su cara sino por su nombre, que corre de boca en boca por el gueto antes de que él cruce la puerta de la taberna. Compañero de la gesta, francés, espadachín y músico, «la espada de los dos siglos», que se proclama libertador de los Estados Unidos de América — y este cronista deja asentada la tensión sin resolverla, porque las escuelas discrepan: unos leen ahí dos encarnaciones que se pisan, otros una sola identidad que no cabe en un solo mapa. Que sea francés y libertador de aquella república es, por ahora, disputa de versiones.
Retrato del viajero armado
Pelo rojo, que le cae «medio demoso al costado porque lo tiene mojado». Trae guitarra —que en su mano reemplaza al laúd—, mapa y bolso: el equipo de un caminante que también es músico. Al cinto, las armas ceñidas: una cimitarra colgada y dos espadas «ceñidas a la bulsanza oriental», al modo de katana y wakizashi. De su espada se dice que «está forjada como un pedazo del sol».
Y luego los guantes, que no dejan ver los dedos en sí. Ahí está la clave de la figura: el arma es visible y ceñida, el poder es oculto y cubierto. A través de esos guantes se manifiesta un poder ligado a la plataforma de Virgo, «la plataforma de este lugar»; al percibirlo, él busca identificar si le corresponde ser guardián o cantillero de esa plataforma. Qué distingue exactamente a un cantillero de un guardián, el archivo no lo enseña.
El nombre como oficio
Su nombre no es adorno: lo inscribe en el orden de la escritura. En el mundo circula la fórmula de que «las plumas se mojan en sangre» y «las espadas se escriben con sangre», y las plumas se cargan de sangre de la hostia para escribir con ella. La espada y la pluma son, en él, el mismo gesto.
Por eso el hombre y la cosa comparten campo y se cargan mutuamente: existe una pluma negra que firma una sentencia de muerte de la revolución y de un Cristo todavía no nacido; una pluma de ángel, objeto «especialmente importante en este momento»; una pluma de papagayos antiguos y lejanos, tenida por cosa de valor. Si él porta alguna de las tres, o si son objetos independientes que solo comparten el nombre, es cuestión abierta — el cronista se limita a anotar que donde aparece la palabra, aparece la sangre y la escritura.
Las vidas anteriores
Sus encarnaciones pasadas son accesibles a los compañeros como memoria colectiva, en visión compartida, en escenas «como todos los sueños, muy confusa». Él mismo, sin embargo, declara: «hace mucho que no sueño» — y en un mundo donde las memorias llegan como sueños confusos, esa sequía dice algo que nadie ha explicado.
Lo que las visiones muestran reúne siempre lo mismo: una mujer que se pierde y un objeto escritural que queda. En una, un joven de unos veinte años deja partir a una niña que aferra un libro rojo, en compañía de un ser oscuro de ojos con brillos en la oscuridad. En otra, un joven ve caer a Tel en el pozo de una isla tropical, tras arrojar ella una pluma antes de caer: el trauma compartido que los vincula atemporalmente, a él y a ese espíritu incorpóreo. En otra escena todavía, «la pluma más joven», sentado comiendo una manzana. Si la niña del libro rojo y la joven del pozo son una sola figura, si alguna de las dos es Tel, si esas escenas son una o dos: el material no alcanza para afirmarlo.
Parentescos y compañías
En el plano familiar ejerce de padrastro de Helter, cuya madre es Tel. Con Lotario comparte «diablos imposibles de vencer». Su fama, como quedó dicho, lo precede en el gueto; su cuerpo aparece en la taberna; su guardianía, si llega a serlo, lo ata a la plataforma de Virgo.
Advertencias del cronista
Paulus deja constancia de lo que el archivo calla. No se sabe qué dos siglos nombra «la espada de los dos siglos». No se sabe qué es la «bulsanza» a la que se ciñen las espadas orientales, ni cómo se acomodan dos espadas y una cimitarra en un solo cinto — la palabra misma es sospechosa de haber llegado mal copiada. No hay ubicación precisa: qué taberna, qué gueto, dónde queda la isla tropical del pozo. Y queda sin conciliar la doble patria del libertador francés. El que lea, lea con esas lagunas a la vista; este cronista prefiere el hueco declarado a la invención prolija.
Véase además: Tel · Helter · Lotario
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.