Huillas

Ficha catastral, si el catastro alcanzara. Porque Huillas figura tres veces en los registros y las tres veces es otra cosa: un territorio —el círculo de Huillas—, una iglesia que se sienta a negociar, y una fuerza que puede formar falange. El viajero que pregunte «¿dónde queda Huillas?» recibirá, según a quién pregunte, un rumbo, un templo o una advertencia.

El círculo y sus nodos

Como territorio, los registros anotan el círculo de Huillas, localidad propia, y un «templo de Huilla» cuya grafía este cronista no garantiza. Como presencia foránea, Huillas tiene delegación en Caldero, emplazada «cerca del área de los templos» — y ese emplazamiento es en sí mismo un documento: se está entre pares reconocidos, no en el margen donde se toleran las sectas. Si el círculo, el templo y la delegación son tres nodos de una misma jerarquía, o tres nombres gastados de una sola cosa, las voces del archivo no lo establecen.

Del aspecto material, casi nada quedó escrito. Ni el edificio del templo, ni vestimenta, ni insignia, ni color del culto. Lo único que se ve de Huillas es a sus mujeres en movimiento: «se nota que están como agarrando y llevando cosas y están empezando a cargar unos carros» — carretas cargadas para migrar. Y en el otro extremo, la imagen de guerra: «una llamarada cargada de fuego que viene con toda, con una sacerdotisa y una hechicera fanática a reivindicar la iglesia de Huillas».

Un culto legítimo de la materia oscura

Sus sacerdotisas son «las sacerdotisas del mundo de la brujería, de la hechicería, de la relación entre la vida y la muerte, pero es un culto legítimo». Conviene leer dos veces esa frase: la materia es la muerte, y sin embargo el mundo no las trata como herejía. Huillas no se esconde; se instala en el barrio de los templos y se la invoca sin presentación — «se acuerdan de las chicas de Huillas» —, como se invoca lo que ya es paisaje.

Los tres registros

El religioso, ya dicho.

El diplomático: la iglesia se negocia. Se le concierta reunión, se le hacen regalos, se trata «chistera con chistera». En esa misma agenda de audiencias figuran las «fruticías» — forma que nadie ha aclarado, y que este cronista consigna sin traducir.

El militar: las chicas de Huillas pueden formar falange de combate — el dato quedó registrado, precisamente, al aclararse que en ese momento no la estaban formando —, y «los de Huillas» aparecen metidos junto a los Guardias Rojos en la ocupación de Caldero.

Y sobre los tres registros, una sola clave: «hay diferencias incluso dentro de la iglesia de Huillas». La institución no habla con una sola voz.

Huillas durante la ocupación de Caldero

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Durante la ocupación, las chicas de Huillas aparecen en varios estados a la vez: algunas junto a los azarotes, ayudando a la población; otras cargando carros para irse; y «los de Huillas» figuran del lado de los Guardias Rojos ocupantes. ¿Facciones distintas de un mismo cuerpo? ¿Un cambio de bando? El archivo sostiene las dos lecturas y no elige. Lo que sí se deja leer es que las diferencias internas de doctrina son la bisagra: de un mismo tronco salen la línea que evacúa y asiste, y la línea fanática que viene cargada de fuego a reclamar la iglesia.

Porque el nombre de Huillas es la bandera del combate final de aquel ciclo: los antagonistas atacan «a reivindicar la iglesia de Huillas». La disputa no es por la ciudad; es por quién posee la iglesia. Y que sus mujeres estén al mismo tiempo asistiendo a la población y aliadas a los ocupantes indica que el alineamiento de Huillas no es un dato menor: es una variable que decide el estado de Caldero.

Advertencias del baqueano

Al que viaje hacia el círculo, o al que pretenda audiencia con la iglesia, se le deben estas confesiones de ignorancia. Primero: nadie sabe si Huillas fue primero un lugar del que salió un culto, o una figura que dio nombre a un territorio; las dos historias circulan y ninguna tiene sello. Segundo: «Huilla» y «Huillas» pueden ser la misma entidad o un tropiezo de la lengua; trátelas como una hasta prueba en contrario, pero no lo jure. Tercero: se sabe que a la iglesia se le hacen regalos, pero no de qué clase — el que negocie, averigüe antes qué se entrega, porque con sacerdotisas de la vida y la muerte no conviene equivocar la ofrenda. Cuarto: qué defiende cada línea dentro de la iglesia, en qué punto exacto se parte la doctrina, no está escrito en ninguna parte. Y quinto: de las «fruticías» este cronista no dirá nada, porque nada sabe, y prefiere el silencio a la invención.

Véase además: Caldero — ciudad de la delegación, del barrio de los templos y de la ocupación donde Huillas jugó a varias manos.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.