Halls
Asiéntese en el catastro de París lo que sigue: una planta octogonal, un armazón de hierro, un techo de zinc, y por debajo de todo eso, la comida de una ciudad entera.
Es «la estructura más antigua de hierro de todo París»: ya en 1789 estaba en pie, «incluso un poquito antes». Más viejo que el orden político que lo rodea, el Halls es el mercado central de París — no un mercado entre otros, sino el mercado, el único, el punto por donde pasan las mercancías y se distribuye el alimento de la ciudad. Lo que le ocurra al Halls no le ocurre solo a los que trabajan adentro: le ocurre a París.
El casco
Ocho lados de hierro y encima «unos techos así de simple», de zinc: mucha superficie cubierta con poco peso. No hay ventanas que valgan el nombre; por los costados «entra todavía la luz a raudales», y el Halls es uno de esos lugares donde la luz cae de lado y revolotean unas palomas. Adentro, la nave alta se trabaja en vertical: plataformas y poleas para mover la carga en altura, galpón con rejas, áreas de establos para la tracción animal que arrastra los carros. Afuera quedan los carros vacíos estacionados — la cola visible del ciclo de descarga — y una garita con vigilancia.
El oficio
Llegan mercancías, se descargan, se apilan, se distribuyen: comida sobre todo, más comercio diverso. El oficio propio del lugar es «apilar cajas, como el storage, ordenarlo adentro del mercado», y es tarea que se hace «de más de uno solo» — con frecuencia en soledad, entonces, con deberes secundarios de sereno y de vigilancia. El que apila también cuida.
Las capas
El edificio no está sellado. Que lo sepa el que deba saberlo: «si uno se trepara puede entrar por los techos, hay aperturas por donde uno podría entrar». La defensa del Halls no es el casco sino las capas de adentro: candados en el storage, rejas, alambres de púa oxidados — agregado tardío, contra el robo —, la garita. Las capas cierran el piso pero no cierran el cielo: el techo es el punto blando de una estructura por lo demás dura. Entre la gente del oficio de pasar donde no se debe, sus barreras se tasan en doce.
Los accidentes que se recuerdan
Alrededor del Halls se organiza el movimiento de mercancías de la ciudad, y también trabajo ferroviario: queda registrado un incendio del Halls en contexto de ferroviarios. Si el ferrocarril entra al edificio o solo llega a sus inmediaciones, las voces no lo precisan. Pero que el incendio tenga nombre propio dice algo del lugar: el Halls es de esos sitios cuyos accidentes se recuerdan.
Reservas del cronista
Este cronista consigna sin resolver lo que las escuelas disputan. El nombre mismo del mercado anda en dos grafías — Las Halles y Les Halles — y hasta el género vacila en boca de la gente: se dice «el Halls» y se dice «las Halles»; ninguna forma ha sido ratificada. Del incendio no se sabe qué se quemó, ni cuándo, ni si el edificio que hoy se ve es el de antes o el reconstruido. Nadie ha medido la nave ni contado sus puertas ni sus galpones. No consta quién administra el mercado, quién cobra, ni con qué se paga adentro; ni cuánta gente trabaja ahí, ni a qué hora abre y cierra; ni qué guarda el storage bajo candado, ni de quién es. Un edificio por el que pasa la comida de una ciudad y del que ignoramos quién tiene la llave: que el lector juzgue si eso es descuido del archivo o prudencia de los que la tienen.
Véase además: París
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.