Guerra de los Treinta Años
«Una guerra que ya lleva 30 años y que básicamente destruyó Europa.» — así la resume quien la ha visto pasar, sin necesidad de nombrar una sola batalla
Corre el año 1648 y la guerra no se ha terminado. Cumplió sus treinta años —«la guerra de los 30 años se ha llevado a sus 30»— y sigue en curso, de modo que esta entrada no es un acta de cierre sino un parte de situación: el registro de una condición que todavía pesa sobre todos los vivos.
Parte de situación
No hay una sola guerra que cubra tanto. «Están matando a todos en Europa»: el continente entero es su teatro, y los muertos se cuentan por millones — «cerca de 4 millones de personas para lo que era esa época», y hay quien sostiene que fueron más, «probablemente el doble». Este cronista no elige cifra: ambas circulan, y ambas dicen lo mismo, que Europa quedó «básicamente destruida».
Es guerra de religión. «Es un mundo de guerras religiosas», y por eso los bandos son confesionales: los protestantes de Bohemia, los Habsburgo. Más allá de eso, los registros no permiten reconstruir alianzas ni objetivos militares. Lo que permiten reconstruir es su presión sobre la gente.
Cómo se la conoce sin verla
Nadie describe la guerra de frente. Lo que se ve son sus derivados: soldados en cantidad por los caminos —«han visto muchos soldados últimamente»—, impuestos que suben, hombres criados en combate desde chicos. Y cuando pasa por un lugar, no distingue combatiente de población: «se llevaban a todos: mujeres y hijos y hijas». La guerra es tanto un mecanismo de muerte como de desarraigo, y por eso se la padece incluso donde no está — en forma de precios, de ausencias, de expectativa.
Tiene, además, un calendario propio. Las hostilidades se detienen y «en primavera recomienzan las campañas»: la primavera es, en estos años, una fecha militar antes que agrícola. Quien planifique un viaje, una cosecha o una fuga, que cuente las estaciones como las cuenta un ejército.
Sus teatros y su producto
Los focos nombrados son dos. Bohemia, donde ardieron las «peores guerras protestantes de la zona de Bohemia»: ahí se criaron los dos soldados, y esa crianza es su credencial — la maestría en armas de estos años no se aprende, se sobrevive. Y la Guerra de Cataluña, en curso, que explica la afluencia de soldados por los caminos. Los registros nombran ambas guerras juntas, dentro del mismo cuadro, sin subordinar una a la otra; si Cataluña es teatro de la grande, conflicto paralelo o cosa distinta, queda por establecer. En el mismo contexto del año 1648 se menciona la campaña de Condé.
El borde
La coordenada más importante de esta entrada es negativa: en el territorio donde transcurre parte de esta crónica, «la guerra no ha llegado aquí». El mundo se divide, hoy, entre lo que la guerra ya tocó y lo que todavía no. Que nadie confunda esa segunda categoría con la paz: un territorio intacto es una excepción precaria y consciente de serlo. Nadie está fuera del alcance de la guerra, solo fuera de su avance actual. Y el avance se espera: «viene la guerra».
Advertencias del cronista
Quede constancia de lo que este parte no puede decir. No sabemos qué territorio es exactamente ese al que la guerra no ha llegado — su nombre, su distancia al frente, qué lo ha preservado hasta ahora. No tenemos una sola imagen directa de la guerra: ni un campo de batalla, ni una tropa formada, ni una ruina con nombre; sabemos cómo se ve un lugar que espera la guerra, no uno que la guerra ya tocó. No sabemos cuánto suben los impuestos ni quién los cobra, solo que suben. Y sobre los muertos, las dos cifras quedan asentadas sin arbitraje: cuatro millones, o el doble. En años como estos, la diferencia entre una cifra y la otra es un continente de tumbas, y aun así nadie la ha contado.
Véase además: Bohemia · Los dos soldados · Guerra de Cataluña · Habsburgo
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.