Gigantes

Al que baje a la Patagonia se le da este consejo antes que ningún otro: si en una casa encuentra una silla del tamaño de una mesa para doce, no se siente a esperar. El mueble ya le dijo todo lo que necesitaba saber sobre el dueño.

Un pueblo de piedra azul

En la Patagonia y su cordillera vive una raza de criaturas colosales: gigantes de piedra, y la piedra es azul. No son fauna suelta ni encuentro de camino: tienen lengua propia, crías, prisioneros, enemigo declarado y guerra activa. Un pueblo, no una bestia.

La escala se mide por grados. Los más chicos —los de la zona baja— alcanzan los cuatro o cinco metros. Los mayores están más lejos, «en la cordillera de la parte de arriba», y de esos los itinerarios cuentan pocos: «creo que dos». Hasta los niños imponen: «niñito, pero de dos metros y medio». De uno de ellos quedó retrato: «grandote, pelado», como «sacado de un bosque».

El cuerpo y la ballena

Van bañados en grasa: grasa de ballena. Y comen asado preparado con esa misma grasa. La ballena es para ellos insumo doble —alimento y unción—, y ahí se lee la lógica entera del pueblo: cuerpo de piedra del lugar, comida y baño del mar que lo bordea. Un pueblo hecho de la materia de su tierra y engrasado por su costa.

El mobiliario y el armamento siguen la misma regla de materia bruta aumentada. Se sientan en el tapulete, silla propia que para una mesa humana equivale a una mesa para doce; es por el mueble que se deduce al ocupante: «una figura que se levanta de un tapulete… o sea, que es un gigante». Van armados con mazos grandes, y a algunos se los conoce como «tirapiedras» — si eso nombra una casta aparte o al mismo gigante en otro oficio, los registros no lo dicen.

Lenguas

Hablan Gigante. Pero algunos individuos manejan además la lengua dracónica —«hablo gigante y drangónico, hablo de todo»—, y ese detalle vale oro para el viajero: al gigante que habla dracónico se le puede hablar sin saber la lengua propia. Es la puerta de entrada, cuando la hay.

La guerra del fondo del mundo

Al sur del territorio patagón viven sus rivales: los Pinochotos, también llamados «Chilenos de la Tormenta», gigantes ellos también, del «lado chileno». La guerra entre ambos pueblos es constante y ocupa el extremo sur del mundo entero: quien quiera moverse por la cordillera o el lado chileno se mueve por su tablero. Los Gigantes de Patagonia mantienen al menos un Pinochoto prisionero.

Las decisiones se toman de noche, y la fórmula quedó registrada: «esta noche, guerra. Preferiblemente cacería». Entiéndase bien: la cacería no es un pasatiempo aparte, es la forma preferida que toma la guerra.

En batalla su capacidad los saca de la categoría de peligro y los mete en la de potencia: combaten junto a un dragón y se reparten los blancos con él —el dragón se ocupa de uno mientras ellos enfocan otro. Un pueblo que forma convoyes y coordina objetivos con un dragón no es adversario de camino: es adversario de escala.

La brújula invertida

Su cosmología da vuelta el mapa: «nuestro norte es el sur». El fondo del continente es para ellos la cabecera. A esa frase se le suman otras dos, recogidas juntas y sin explicación: «Canopus en árboles» y «y vengan hacia arriba». Alguna relación guardan entre sí —una estrella, un rumbo, una invitación—, pero su sentido no quedó dicho, y este cronista lo anota como se anota una señal en la piedra: sin traducirla.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. Sobre el nombre Pinochotos hay duda abierta: las voces del archivo lo marcan como posible deformación, y no está establecido si es el nombre verdadero de la raza rival o un mote pegado en el camino. Que el viajero no lo use en la cara de nadie hasta averiguarlo. Tampoco está dicho cuántos gigantes hay en total, ni cómo se gobiernan —si hay jefes, clanes o una sola comunidad—; ni si la piedra azul es rasgo de toda la raza o solo del grandote del tapulete; ni por qué el baño de grasa —abrigo, rito o cuidado de la piedra, elija el lector su apuesta, que los registros no eligen—; ni qué encendió la guerra con los Pinochotos ni desde cuándo arde. Son preguntas que el sur todavía no contestó.

Véase además: Pinochotos («Chilenos de la Tormenta») · las ballenas de la costa patagónica · el dragón que combate a su lado · la lengua dracónica · el tapulete.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.