Gatnik
Si en algún mostrador de Megapolis te atiende un mono blanco de metro sesenta y pico, vestido de detective de película vieja, con el sombrero encendido en neón rojo y una motosierra que dispara colgada a mano: no preguntes dos veces. Ya lo encontraste. Es el único que hay.
El Mono Blanco
Que nadie se confunda con la etiqueta: no es un chimpancé, «es un humanoide». Un metro sesenta a un metro setenta de homínido albino, con un cuerpo de aspecto inflado que no es músculo común. Los que lo vieron de cerca hablan de una estructura interna —un exoesqueleto, quizá— integrada al cuerpo, «una estructura que no se la ve robótica». Blanco de pies a cabeza. En una ciudad donde todo brilla de noche, él brilla de día.
La silueta
El conjunto está armado con una sola lógica, y es la del detective de cine negro de los años treinta trasladado a la ciudad del neón: trench coat inglés, sombrero, anteojos. Solo que el sombrero es de luces de neón —adornos de neón rojo— y los anteojos son de magnificación, «unos anteojos que magnifican los ojos». El disfraz clásico del que observa sin ser visto, devuelto en clave tecnológica y visible de noche a tres cuadras. Y para cuando observar no alcanza: un blaster épico «en formato motosierra», gigante. En Megapolis el que escucha también carga.
Dos direcciones, un dueño
Gatnik es propietario de dos establecimientos: un bar y un laboratorio. Uno público, uno técnico. El lugar donde se escucha y el lugar donde se trabaja sobre la materia — el par de espacios del mismo personaje. Dónde quedan dentro de Torreluces, si comparten techo o son dos direcciones distintas, la crónica no lo fija. Lo que sí fija es que ambos son suyos, y que su nombre aparece asociado a Arte Corporation: quien busca llegar a la corporación, pasa por el Mono Blanco. En qué calidad —empleado, proveedor, contacto, enemigo—, eso queda en la penumbra donde a él parece gustarle vivir.
La pregunta del cuerpo
Sobre Gatnik pesa una pregunta que la ciudad no cierra: si ese cuerpo con estructura adentro es producto de experimentación o si «simplemente nació así». Que esa duda esté abierta justamente sobre el dueño de un laboratorio no es un detalle: es la pregunta de Torreluces entera puesta sobre un solo individuo. Qué se hace acá con los cuerpos, quién los fabrica, quién los hereda. Gatnik la lleva puesta bajo el trench coat, y no la contesta.
Lo que este cronista no pudo averiguar
Quede asentado lo que falta, que no es poco. No sé qué se investiga o se fabrica en ese laboratorio. No sé si el bar y el laboratorio son el mismo edificio. No sé si el laboratorio explica su propia anatomía o si su anatomía explica el laboratorio. No sé si existen otros homínidos como él en alguna parte del mundo, aunque en los registros no aparece ningún otro Mono Blanco. Y ojo con el nombre: por ahí circula como «Garnet» y como «Garni», pero él se presenta por su nombre, y el nombre es Gatnik. Llamarlo mal es la mejor manera de que la conversación en el bar se termine temprano.
Véase además: Arte Corporation · el bar de Gatnik · el laboratorio de Gatnik · el blaster épico de Gatnik.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.