Espejo mágico

Nota de artefacto. El archivo habla de un espejo —o acaso de varios que los cronistas confunden en uno— de metal duro, probablemente latón, que resiste caídas sin romperse: cuatro pies de largo por tres de ancho, y que solo funciona colgado o colocado sobre una superficie, despertado por una palabra de comando hablada. No es un espejo que devuelva rostros: es una puerta que establece conexión con planos privilegiados, y por él se canaliza el poder de ver otros planos — esto último lo asientan los cronistas de los Templarios con inusual firmeza.

Sus oficios registrados son varios y no del todo concordantes: localiza objetivos; refleja el cosmos con una cualidad que el registro llama indefinida pero que permite ver el universo; y muestra cuatro direcciones del mundo — el Sepulcro al norte, Pampas-Magallanes al sur, Tartaria o Allenta al oeste, y Nueva Zelanda, que el archivo anota sin punto cardinal, como si el espejo mismo hubiera dudado. Consta además que Pablo dejó un espejo capaz de abrir entrada a lugares sellados por plataformas; si es este mismo o un hermano suyo, el archivo no lo dice y este cronista no se atreve a fundirlos.

Ninguna entrada del Glosario lo nombra todavía, lo cual es raro en objeto tan viajado. Quien lo haya cargado, colgado o pronunciado su palabra, que deposite su testimonio: esta nota es una superficie esperando su espejo.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.