el Jaguar

«¡Es un hombre que se transformó!» — grito de reconocimiento, recogido entre los testigos de la empalizada

De todos los prodigios que una compañía puede cargar consigo por los caminos de Antiterra, ninguno más íntimo que éste: un compañero que es dos criaturas. El Jaguar —así lo nombran los registros, sin patria ni linaje— fue un joven piel roja, cambiaformas de la escuela de los druidas, que anduvo un tiempo con una banda de aventureros y luego, como se verá, se despidió de ella. Escribo esta entrada como quien fija en tinta lo que fue carne y sombra, sabiendo que las preguntas que deja pesan más que las respuestas.

El hombre

En su forma de hombre era «un indio con pelo largo», con la piel «del color de la miel y el caramelo». Vestía una vincha hecha de piel de un animal y un pantalón de cuero de vaca, «tipo de indio», cortado de «un cuero distante de algunas tierras que quedaron casi en el pasado» — señal de forastero, pues nada de lo que llevaba pertenecía al entorno donde se lo vio. Portaba una vara llamada canaíra, un morral con piedras, y un objeto que las voces del archivo nombran «el estafete», palabra que nadie ha sabido aclararme.

Nótese la coherencia de este ajuar: piel, cuero, madera, piedra. Ni un hilo de metal, ni una hebilla forjada. Todo lo suyo era materia animal, vegetal o mineral, y por eso nada le estorbaba ni se le perdía en la transformación: el vestuario y el poder pertenecían al mismo sistema, como si el hombre entero estuviera hecho de la misma sustancia que su magia.

La bestia

Convertido, era un jaguar negro de tamaño considerable — corpóreo, no sombra ni aparición. Quien lo veía de golpe, sin saber, describía «un monstruo negro» devorando a alguien; el reconocimiento llegaba después, con espanto, en el grito que abre esta entrada. Peleaba con armas naturales: mordía y «rajuñaba», dientes y garras en vez de acero.

La bestia no era adorno sino oficio. Cuando la compañía se topaba con muros de madera —una empalizada, un asentamiento cerrado—, el Jaguar era la única vía de entrada por encima de ellos: trepaba convertido lo que ningún otro compañero podía trepar. Los testigos que percibieron su cambio lo llamaron brujería, y en eso hay que darles la razón: en el mundo donde actuaba, semejante cosa no era corriente. Mientras estuvo, fue la única fuente de espanto sobrenatural que el grupo llevaba consigo — su prodigio propio, su carga propia.

Los ritos del bosque

Fuera del combate, su práctica era ritual. Se retiraba por cuenta propia a los bosques «a hacer sus ritos», entre ellos «una danza de la luna buena y llena», y lo hacía buscando inspiración: el rito era método de trabajo, no ceremonia decorativa. Este cronista se permite una glosa: el bosque y el jaguar son la misma práctica vista desde dos lados. El bosque es donde se recarga; el jaguar es lo que sale de ahí.

Los registros le atribuyen además una forma de pantera, y una forma nombrada Wraith — de esta última, la voz que la pronuncia no ha podido identificarse, y la consigno con la debida desconfianza.

La despedida

Su retirada es hecho fijado del mundo, y quedó dicha así: «el jaguar les hace un Farewell, my friends. Y se va». El propio Narrador no dio por claras sus motivaciones, y yo no voy a atribuirle las mías. Lo cierto es su consecuencia: con él, la compañía perdió la capacidad cambiaformas entera. No un arma menos — una naturaleza menos.

Advertencias del cronista

Mucho ignoro, y prefiero decirlo a rellenarlo. No sé qué es «el estafete», y sospecho que la palabra misma puede ser ruido del registro. De la vara canaíra sólo consta el nombre: ni madera, ni tamaño, ni si servía al rito o al combate. Las piedras del morral guardan su propósito. No sé si pantera y jaguar negro son una forma con dos nombres o dos formas distintas. No sé de qué pueblo o nación era: sólo «piel roja», y un cuero venido de tierras «que quedaron casi en el pasado», que nadie nombra. No sé qué límites tenía su transformación — cuántas veces, cuánto duraba, qué la disparaba. Y no sé por qué se fue. El archivo calla, y el que calla en estas materias hace bien.

Véase además: la vara canaíra y la forma Wraith — nombres que aguardan entrada propia en este glosario.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.