Draider

Advertencia de baqueano, antes que nada: son más grandes de lo que te acordás. Eso no lo digo yo; lo dice el archivo, con esas palabras. Quien haya visto una y crea recordarla, recuerde menos de lo que va a encontrar.

Dos cuerpos que no deberían ir juntos

«El cuerpo de la araña y de una parte de la araña le sale un torso de mujer: son elfas.» Así queda descrita la draider: una araña de magnitud enorme —«arañas muy grandes, suele pasar, enormes, con un torso de elfo»— de cuyo abdomen brota un torso de mujer elfa. El abdomen es la porción más temible del animal; los que sobrevivieron lo dicen sin adorno: «el abdomen es jodido».

La lógica del bicho es la superposición. La parte animal pone la masa, las garras —patas de araña que se hunden en la carne— y el veneno. La parte élfica pone las manos, y con las manos, una espada de dos manos, sostenida «en las dos manos» del torso: es decir, pone armamento y técnica, cosa que ninguna alimaña tendría por sí sola. Por eso la draider pelea en dos registros a la vez: pica y envenena como bestia, y esgrime como guerrera.

Lo que sabe el que peleó con una

  • Son venenosas —«estos bichos son poisons», dejó dicho una voz del archivo— y su veneno acarrea el envenenamiento del que lo recibe, aunque nadie registró el acto mismo de la inoculación: si muerden, si es la garra, si es el abdomen. Quien sea inmune al veneno le quita al encuentro su peor filo.
  • Tienen el cuello expuesto, y ahí se las puede golpear.
  • Bajo trauma severo, los vasos de sangre que corren bajo su piel estallan en hematomas: ceden, como cede la carne.
  • La parálisis las agarra, pero les dura apenas un compás de la refriega. No hay que malgastar ese instante.

El encuentro de la campilla

Los registros cuentan dos, subiendo hacia una compañía, «en la campilla». Una de ellas se mostraba «sacada, confundida», sin entender bien lo que le pasaba — y sin embargo hostil: «no entiende bien lo que está pasando y quiere tu sangre». Sobre si la especie abunda fuera de ese punto, el archivo calla; la fórmula «suele pasar» sugiere que las arañas enormes no son insólitas en Vala, pero de la frecuencia de las draiders propiamente dichas nada se afirma.

El problema del reconocimiento

Y acá está lo que separa a la draider de la fauna común. Una de las dos era la ex-esposa —o ex-prometida— de uno de los compañeros. Quedó dicho en dos voces: «una esposa es una draider», y la pregunta que nadie quisiera hacer: «¿mi prometida también es una de esas?».

De modo que la draider no funciona como monstruo cualquiera sino como destino de personas conocidas. Cada encuentro es, además de un problema de combate, un problema de reconocimiento: ¿a quién estoy hiriendo en el cuello? Su estado alterado y confuso apunta a una transformación o una posesión —no a una especie estable, ajena a la biografía de los que la enfrentan—, pero el archivo apunta y no establece. Lo único que consta del torso que fue mujer es confusión y sed de sangre.

Advertencias del cronista

Acá conviene pisar el freno. Nadie sabe qué es «la campilla», ni por qué las draiders estaban ahí. Nadie sabe qué es una draider en origen: especie propia, elfa transformada, cuerpo poseído — los indicios inclinan hacia lo segundo o lo tercero, y este cronista no va a decidir lo que las voces no decidieron. El compañero cuya esposa o prometida se volvió draider no está nombrado. No consta si hablan, pese al torso élfico y a las palabras que le sobran a una boca de elfa. De su color, su olor, su sonido, del estado de esas espadas de dos manos: nada. Y hasta el nombre está en disputa entre escuelas de copistas: unos escriben draider, otros Dreader. El que viaje hacia la campilla —donde sea que quede— vaya sabiendo que va a pelear contra algo que quizás lo reconozca.

Véase además: — el archivo no traza todavía vínculos fijos; «la campilla» y el compañero del voto roto esperan entrada propia.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.