Dragón negro

Nota de bestiario, escrita con la tinta más prudente. En la superficie de Ardis Vala habita un dragón negro: criatura gargantuesca, venerable según quienes lo oyeron hablar, capaz de dialogar con los Buscadores y también de matar a sus compañeros — el archivo registra ambas cosas sin contradicción, porque los dragones no la sienten. Dispara un chorro de ácido que desintegra hasta el esqueleto, y un testimonio de cabeza negra lo vio volar y caer sobre una compañía en pleno ataque.

Su señorío es de pantano. Cobra impuestos a la población goblin del dominio y ofrece protección: contra las caladas, dicen unos; contra la oscuridad dolorosa del lugar, dicen otros — quizá sean el mismo mal con dos nombres, quizá dos males que el dragón administra por igual. Un registro de confianza dudosa lo describe exudando sustancia negra del propio pantano, como si el paisaje fuera secreción suya; otro, más dudoso aún, susurra que fue convocado en el pasado por voluntad de los propios Buscadores, de manera semejante al hombre hueco. Este cronista anota la sospecha y no la juzga: si los que piden protección son los que trajeron al protector, ese es un contrato que conviene no leer en voz alta.

Poco más consta, y un dragón es mala bestia para completar de oídas. Quien haya pagado su impuesto, esquivado su ácido o sostenido su mirada venerable, que lo deposite en el archivo: esta nota es un tributo a medio pagar.

Véase además: (ninguna entrada del archivo la nombra todavía; el dragón espera vecinos)


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.