Dráctar
Pisá el freno antes de leer. Este nombre se grita abajo y se niega arriba, y las dos cosas son igual de ciertas. El que lo escuche en un cántico, que no responda; el que lo escuche en un salón, que anote quién lo negó.
El caudillo de las venas
Dráctar fue caudillo vampiro de las «venas de la Tierra»: uno solo, un individuo nombrado, no una estirpe. Fue destruido en su ataúd y decapitado, y su cabeza se conservó aparte como trofeo y como prueba — quedó dicho: «por fin me consiguieron la cabeza». Su dominio son las profundidades, y su voluntad, la contraria a su dominio: «hay que salir de las profundidades», «tener un acceso arriba». Todo lo que de él se sabe se ordena alrededor de ese empuje hacia la superficie.
Come brazos y chupa sangre, y deja «beso» en la víctima. Si es la misma criatura que la figura del altar —cosa que el archivo no resuelve—, lleva «una cosa roja en el pecho», «algo que le pulsa», y el pulso se marca «sobre todo cuando estuvo chupando la sangre».
La vía que lleva su nombre
Bajo El Caldero corre una vía subterránea sellada: la Dráctar Way. Por ella se accedía a los niños secuestrados, y en ese acceso él fue facilitador — «tuvo un rol». Que la vía lleve su nombre dice algo que conviene no pasar por alto: el subsuelo bajo el Caldero está organizado alrededor de él, y no al revés. Lo que el nombre no dice es por qué es suyo: si él abrió la vía, si él la habitaba, o si por ahí se lo sacó. Las tres lecturas quedan en pie.
El rito de los que lo llaman
Su culto no es propio sino ajeno: son los goblin quienes lo invocan, y el rito es fijo. Cántico; el nombre a gritos —«Dráctar, Dráctar», «Por Dráctar, por Dráctar»—; brazos cortados de una víctima levantados en alto; copas llenadas con la sangre de esa misma víctima, «la misma sangre de la copa o el vino»; incienso. Un muerto destruido y decapitado, y sin embargo invocado: el rito no pregunta qué queda de él que responda, y el archivo tampoco.
Los que lo niegan
Arriba, en superficie, el nombre circula entre nobles corruptos que dicen no conocerlo — y mienten al negarlo. Al menos uno quedó registrado en esa mentira. Así se cierra la figura completa: sacrificio abajo, secuestro arriba, y entre ambos un pasaje clausurado. El sello de la Dráctar Way es lo que mantiene todo esto subterráneo; el día que el sello ceda, el asunto dejará de ser de cronistas y pasará a ser de todos.
Advertencias del baqueano
Acá el archivo se bifurca y no me corresponde elegir rama. Unas voces dan a Dráctar como criatura inteligente —caudillo, invocado, agente con «un rol»—; otras escuelas normalizan Drakthar como puro nombre de lugar, la vía y nada más. Las dos versiones quedan en pie. La grafía tampoco está asentada: se registran Drakthar, Drakthar Way, Dráctar y hasta una aparición como Bracta — el que copie, que copie con cuidado.
Y quedan las preguntas que nadie ha contestado: si la figura del objeto rojo pulsante en el pecho es él u otro; qué obtiene el goblin al gritar el nombre de un decapitado; quién selló la vía, cuándo y con qué, y si el sello es anterior o posterior a su destrucción; dónde está hoy la cabeza y quién la tiene; qué son exactamente las «venas de la Tierra» y qué otros caudillos hubo en ellas; y para qué quería él el acceso arriba, y qué tenían que ver los niños con ese querer. El archivo calla, y este cronista no le pone palabras al silencio.
Véase además: El Caldero — bajo el cual corre, sellada, la vía que lleva su nombre.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.