Criaturas koboldescas

Anote el viajero, antes de acampar cerca de terreno excavable: si la comida amanece menos de lo que era, no busque zorro ni ladrón de camino. Busque una mirada. Una «mirada que radia inteligencia fría y calculadora», a la altura de la rodilla, vestida de «ropa naranja rosada», con más brazos de los que corresponde.

El cuerpo repartido

Son «criaturitas»: pequeñas, y se sabe por dos vías. Por su armamento reducido —«su arma era una pequeña espada corta», acompañada de «una lancita así, ¿viste? Corta.»— y por el contraste con sus vecinas tribales, que son «bastante incluso más alto que ustedes». Pero lo que las define no es la talla sino la arquitectura: dos pares de brazos. Los «brazos superiores» sostienen el arma; debajo, los «brazos inferiores son manos humanas con destreza fina», y ahí está el secreto del oficio. El cuerpo entero es una división del trabajo: arriba el hierro, abajo lo delicado.

De su piel, de su talla exacta, de su voz, el archivo no dice nada, y este cronista tampoco.

Mina y runa: la misma economía

Dos capacidades las sacan de la categoría de alimaña. La primera: «este tipo de criaturitas son muy buenas minando, vieron? saben como hacer». La segunda, obra de esas manos inferiores humanas y finas: «realizar magia arcana y forjar runas». No son bestias; son operarias de lo arcano. Y conviene entender que minería y runa van juntas porque son un solo negocio: se excava la piedra y se la marca. En los registros disponibles, nadie más de la región monopoliza esas dos funciones — el mundo las necesita, y ellas las tienen.

Para quién forjan esas runas, y quién recibe ese trabajo, el archivo lo calla.

El pueblo y el hurto

Habitan las cercanías de un pueblo, al que entran «de vez en cuando» a robar comida. Que quede claro el tono del asunto: sustracción menor y sostenida, no asalto organizado. El pueblo las padece como problema crónico y tolerado, no como crisis. Y la inteligencia fría de esa mirada abre una puerta que ningún tigre abre: la de la negociación. Quien roba con cálculo puede, algún día, comerciar.

Vecindario

La región no es solo de ellas. Convive en la misma zona una especie distinta y mayor: la criatura tribal, de coleta y lanza, con olor «fuerte seco así a vientos, cebolla». Se nombra además una criatura llamada wendigo, y hay tigres avistables de noche. Las koboldescas son la población menor de ese conjunto — la más chica de cuerpo y, si el oficio vale algo, la más valiosa de manos.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno y poner las cosas en su sitio. Cuántas son, y si viven en grupo, en madriguera o en mina propia, nadie lo ha contado. La ropa naranja rosada aparece como atavío compartido —¿uniforme, marca de facción, costumbre general?—, y el que lo afirme sin más está inventando. Tampoco está resuelto qué relación guardan con las criaturas tribales: subordinación, misma tribu o especies ajenas que solo comparten el monte. El nombre «wendigo» flota sin dueño claro: puede designar a una de estas criaturas o a una tercera cosa. Y sobre los tigres de noche, el propio registro duda: fauna real de la región o advertencia genérica de las que se dicen junto al fuego. El que viaje, pregunte dos veces; y si le falta pan a la mañana, que mire primero las huellas chicas.

Véase además: la criatura tribal de coleta y lanza · el wendigo · el pueblo de la región — entidades del mismo paisaje, aún sin ficha propia en este glosario.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.