Conjuro
«¿Cuánto te pagan esos de Union?» — pregunta hecha a la cara del oficial, en el paso mismo que él custodia
Glosa preliminar: una palabra con dos cuerpos
Este cronista debe advertir, antes de todo, que la palabra guarda dos cosas. Conjuro, en boca de cualquiera, es la fórmula: el arte de dejar rastro, de hallar al pariente, de abrir la puerta entre planos. Pero Conjuro, con mayúscula de nombre propio, es alguien: un outsider —criatura de otro plano— que trabaja de oficial de aduanas pagado por Union, y que carga, como para burlarse de su propio nombre, «las cadenas y el libro». Si el nombre es chanza deliberada del mundo o descuido de los que archivan, los registros no lo dicen; anoto ambas posibilidades y sigo.
El oficial de la aduana
Su naturaleza se disputó entre los que lo trataron —«es un ill outsider», dijeron unos; «es outsider», corrigieron otros— y quedó zanjada en lo segundo: outsider, a secas. Un ser de otro plano ocupando un puesto de control de paso en éste. Cobra por eso, y cobra de Union, lo que lo vuelve empleado antes que aliado. Quien mejor entiende un paso, se dirá, es quien vino de afuera por uno.
De su persona física casi nada llegó al archivo: las cadenas, el libro, y que cuando no trabaja «está tocando la guitarra». Lo que retiene y lo que registra, dirán los que gustan de leer oficios en los objetos; pero qué son exactamente esas cadenas —instrumento de aduana, grillete propio— y qué contiene ese libro, nadie lo consignó. La guitarra no se deja integrar en ninguna lógica de frontera: es, apenas, su modo de estar presente sin trabajar.
Lo grave vino después. Se ha «demostrado ser una espía de los diablos». La función declarada —aduana— y la función real —informar al infierno— no coinciden, y su acceso a los puestos de paso es exactamente lo que lo hace valioso para los diablos. Las compañías lo dejaron entrar («nos dejamos entrar a Conjuro») antes de saberlo. Un espía infiltrado en la aduana de Union alcanza a todo lo que cruza por ahí, y a todos los que lo admitieron creyéndolo neutral: el mundo cambia cuando se descubre de qué lado está.
Un linaje de mil trescientos cuarenta y cuatro
Conjuro es uno solo, pero es la punta visible de una estirpe. «Yo soy el hijo mayor», declara: el primero de una parentela de 1344 hermanos, que es la magnitud verdaderamente grande del asunto. El padre es nombrado como Armagedón, o Armadero —las dos formas constan, y este cronista no elegirá por los testigos—. De la madre hay dos versiones que no se tocan: «una diabla muy malvada» que está en el infierno, según unos; «mi madre una mujer holística», según el propio hijo. Que ambas cosas puedan decirse de la misma señora es, quizá, el retrato más fiel que tenemos de esa casa.
Las fórmulas del tránsito
Bajo la acepción común, el archivo conserva tres conjuros, y los tres resuelven un mismo problema del mundo: encontrar y alcanzar a alguien que está lejos o en otro plano — que es, precisamente, el problema de una familia de 1344 hermanos repartidos.
- El conjuro de localización — «conjuro que voy a hacer para que nos encuentren» —, que permite dejar rastros para ser encontrado.
- Discern next of kin, que escanea pensamientos y ubica parientes.
- Gate, que «crea una conexión interdimensional entre tu plano de existencia y un plano que especifiques, permitiendo viajar entre esos dos planos en cualquier dirección». Es fórmula del noveno grado, el techo de lo que se puede lanzar, y por eso rara: la infraestructura misma del tránsito interplanar, la clase de puerta que hace posible que outsiders como Conjuro estén acá.
Dejar rastro, hallar parientes, abrir puerta: no destruyen nada. Son tecnología de encuentro. Si Conjuro lanza estas fórmulas, o si la coincidencia de nombre es puro azar del idioma, los registros callan.
Advertencias del cronista
Mucho es lo que este tratado no puede afirmar. No sé dónde está la aduana ni qué controla: mercancías, personas o pasos entre planos. No sé qué es Union —estado, gremio, compañía—; solo que paga, y que el monto del sueldo no quedó fijado. No tengo rostro, talle, color ni voz para el oficial; ni el estado de sus cadenas ni el contenido de su libro. Y consigno una vacilación que atraviesa todos los testimonios: se lo denuncia como «una espía» y se presenta como «el hijo mayor» — el femenino y el masculino conviven en las voces, y este cronista, que ha visto a los seres de otros planos vestir formas como quien viste túnicas, no se atreve a corregir a nadie.
Véase además: Union
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.