Catedral de Huillas

Itinerario para el que llega: al norte del campo de batalla, en o cerca de Caldero, la ruta se acaba en un edificio que no fue levantado piedra sobre piedra. Está «construida con conjuros»: la fábrica misma es obra mágica, no de albañilería. Lo primero que se ve al llegar son «los vitrales». Después, «las puertas» — que «están abiertas». Que las puertas abiertas no engañen al viajero: se la caracteriza, sin rodeos, como muy peligrosa.

La nave y sus flancos

Adentro, «la nave se extiende». A izquierda y derecha la flanquean dos cámaras: una de meditación, y otra donde se oye «ruido de los pájaros». Al sur, una biblioteca con ruido de papeles. Hay una estatua central, escaleras que descienden y un santuario superior; en la cima, un Sancta Sanctorum. Ese punto más alto no está sobre el techo de Caldero sino sobre la cima del Valle de Cristales, donde fueron encerrados los dos ángeles — obra de «el que encerró en la cima», del que el archivo no dice más.

La escala de los pisos

Entrar es libre; subir, no. «En los templos hay jerarquías, rangos de acceso a pisos, a reliquias.» La planta entera es una escala: se entra por las puertas a la nave, se medita en las cámaras laterales, se estudia en la biblioteca del sur, y por escaleras se asciende al santuario y al Sancta Sanctorum. Cuanto más arriba, más reliquia y más secreto — y en lo más alto, prisión de ángeles. La jerarquía mágica de la región se mide, materialmente, en los pisos de este edificio: el rango determina hasta dónde se llega y qué reliquia se puede tocar.

Hay una segunda dirección. Bajando escaleras, desde abajo, se da con «un grupo de gente sentada dándose una comunicación extraña». Si ese descenso pertenece al mismo eje que la escala ascendente, o si son dos zonas separadas, ningún registro lo establece.

Lo que se hace adentro

Cuatro oficios conviven en una sola fábrica, que en otros mundos andarían repartidos: es catedral, es escuela de magia, es custodia de reliquias, y es cárcel. Enseña magia con rangos de acceso. Alberga una orden de hechiceras que ejecuta rituales de desaparición mágica — Xenia Urricas entra por sus puertas. En ella se ejecuta el «protocolo de la llama», del que solo consta el nombre. Que el edificio esté hecho de conjuros explica la convivencia: no es arquitectura que deba sostenerse, es arquitectura que obedece.

Es punto de convergencia: allí se va, allí se vuela, allí se reúne gente — «una reunión en la catedral de Huillas» —, y allí encierran ángeles. Es el nudo institucional de la magia en su región.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. El nombre de esta casa es una disputa de escuelas. Los itinerarios la llaman Huillas, Wiches, Willard, Williams, «Catedral de las Plumas», o Catedral a secas. Huillas es la única forma fijada; si Wiches y Williams son la misma palabra mal oída o designan otra catedral, este cronista no lo puede decir. Y hay una versión que habla en plural — «las catedrales de Williams están abiertas» — contra todas las demás, que la nombran en singular, única, sin par en el mundo. Que el que viaje no cuente con encontrar dos.

Tampoco se sabe si «Catedral de las Plumas» remite a los ángeles encerrados o a otra cosa alada. Nadie ha explicado por qué es muy peligrosa: la advertencia está, la causa no. Del «protocolo de la llama» no consta qué es ni quién lo ejecuta. De materiales, dimensiones, color y estado de conservación, nada: solo los vitrales y los conjuros. Quién encerró a los ángeles, y qué trato tiene con la orden de hechiceras, queda abierto. Y las distancias a Caldero y al campo de batalla son rumbo sin medida: al norte, y pregunte dos veces.

Véase además: Caldero · Valle de Cristales


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.