Catedral

Nota de archivo, y nota confundida a mucha honra: bajo esta sola voz el registro amontona varias catedrales que quizá nunca compartieron ciudad. Hay una gótica, de torres y formas gargolescas; otra alta y blanca que brilla con luz clara al atardecer; otra de vitrales que devuelven la luz roja del crepúsculo, alzada en estilo occidental frente al palacio de Isidora. Los cronistas de la jornada florentina hablan de una catedral poderosa en Florencia, sede de un arzobispado; los itinerarios de Tierra Santa sitúan otra —¿la misma?— entre Jericó y Jerusalén, a dos o cinco kilómetros de Jericó, y añaden que los dragones la desplazaron durante el combate, que es cosa que a los edificios de Antiterra les ocurre más de lo que uno quisiera.

En los márgenes constan rumores de menor firmeza: una catedral donde se practicarían misas negras, una medio destruida en Gary, y hasta una «catedral de Alejandro Magno», que este cronista copia sin saber si el conquistador la fundó, la habita o simplemente le prestó el nombre. Que en general existen catedrales como edificios religiosos es lo único que todos los testimonios conceden sin pelearse.

Poco más consta. Quien pueda deslindar una catedral de otra —cuál arde blanca, cuál viaja empujada por dragones, cuál esconde la misa negra— que lo deposite en el archivo: esta nota es una nave sin ábside, esperando que alguien le cierre la planta.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.