Billie Jean

«Camina ciego, como la justicia.» — dicho sobre el guardián de Alejandría, recogido al pie del faro

Este cronista ha visto pasar por Alejandría a soldados, a peregrinos y a ladrones, y sabe distinguir el paso de cada uno. El del guardián no se parece a ninguno: es el paso de un gato que no necesita ojos. «Es un tipo, es un semi-élfico», dicen las voces que lo trataron, y con eso alcanza para empezar: uno solo, un individuo, no una clase ni una orden. Ganó su puesto como se ganan los puestos de guardián —venciendo al guardián protector anterior— y desde entonces cumple el oficio doble de todo guardián: proteger el lugar y limpiarlo, «sacando a los diablos que todavía se animan a quedarse en la alejandria».

El cuerpo y el atavío

Cabello castaño. Dedos finos y elegantes, y manos rápidas —«más rápidas que los otros»—. Se mueve ágil, silencioso, con esa soltura que las voces no aciertan a nombrar sino como la de un gato. Lleva dos espadas cortas, herramienta de quien caza cosas dentro de una ciudad y no de quien da batalla campal. Va «algo vestido con una especie de armadura»: debajo de la ropa, una camisa de metal «de finas mallas con un plateado sobrecogedor» —la coraza va dentro, porque el guardián debe poder recibir el golpe sin parecer soldado—. Encima, una capa medio oscura, «como si fuera una piel de pantera negra, algo así medio raro». Y carga una mochilita, un bolsito con cosas de metal que le hacen ruido: gadgets que contradicen el sigilo de todo el resto, y cuyo propósito nadie ha dejado escrito.

La ceguera corona el conjunto, y conviene entenderla bien: no es defecto sino atributo del oficio. Camina ciego, como la justicia, y el cuerpo sigue siendo ágil y silencioso. Si todo guardián camina así o solo él, es cosa que este cronista no puede afirmar.

El cargo y sus asientos

El cargo se obtiene por combate: en Alejandría, uno de los presentes venció al que era el guardián protector del lugar y se convirtió en el guardián, y ése fue Billie Jean. Su sede es Alejandría, y concretamente el faro: se lo registra subiendo por la escalera caracol.

Pero los registros le atribuyen más de un asiento, y aquí las versiones se abren como caminos. Se lo asienta también como guardián de Libra, junto a Maddy, con potestad de dar el beneplácito: el paso o la aprobación dependen de los dos guardianes del signo, no de uno, de modo que otros dependen de su decisión. Y un tercer registro sitúa a «Ercebet y Jean Bull» como guardianes de plataforma en Aries. Si ese «Jean Bull» es el mismo hombre, entonces su presencia se reparte por al menos dos signos además de Alejandría; si es otro, o un nombre mal oído, la cuestión cambia por completo. Las escuelas discrepan y este cronista no va a zanjar por ellas si un guardián puede tener tres asientos, si los cargos fueron sucesivos, o si son tres personas distintas.

Los hechos de armas y las alianzas

Fuera de su plaza opera por alianza: hay quien lo conoce y lo trata, y se ayudan mutuamente «dado que a ambos nos interesa liberar este lugar de diablos, demonios». Se le atribuye haber matado a un francés maldito —quién era ese francés, por qué estaba maldito y dónde cayó, el archivo lo calla—.

Su peso en el orden del mundo es doble. Es una pieza del sistema de guardianes que sostiene Antiterra: sin guardián en Alejandría, los diablos que aún se animan a quedarse no tendrían quien los saque. Y su beneplácito en Libra condiciona el paso de terceros.

El linaje condenado

Aquí la figura se ensombrece. Por más que sea un hombre de bien, digno, arrastra el haber provenido de un señor avizal, y pertenece a «esta dinastía de reyes condenados, por así decirlo, de guardianes condenados». La dignidad personal no cancela la condena heredada: lo que le ocurra a él ilustra la ley que rige a todos los guardianes. En qué consiste esa condena, qué se les cobra y cuándo, es materia que las voces no revelan — y quizá sea mejor así.

Reparos del cronista

Séame permitido, al cierre, ordenar lo que queda en penumbra. Los nombres alternan «Billie Jean» y «Billy Jean» según quién hable, sin que ninguna grafía se haya impuesto. De Maddy, su par en Libra, no hay descripción ni constancia de cargo previo; queda sin saberse si es guardián de igual rango. Qué habilita concretamente el beneplácito de Libra, y qué pasa cuando se niega, nadie lo ha puesto por escrito. Los gadgets de la mochilita hacen ruido y de ellos no se sabe más que eso. Y sobre la ceguera —si es física, ritual o adquirida al asumir el cargo— el archivo guarda un silencio que este cronista, ya viejo, ha aprendido a respetar: hay oficios cuyo emblema no se explica, se lleva.

Véase además: Alejandría — su plaza y su faro, donde venció al guardián anterior y donde sube, ciego, por la escalera caracol.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.