Arwad

Itinerario: se carga en Chipre, se cruza el mar, se desembarca en la roca. No hay tercera etapa escrita todavía; la tercera etapa es la que esta roca espera.

Asiento de la piedra

Frente a Tartus, poblado sirio, a tres kilómetros de mar de la costa, se levanta Arwad: «una islita muy pequeña, muy pequeña» — en verdad «un islote, un pedazo de roca del mar», de cinco o seis kilómetros como mucho. No tiene agua, no tiene vegetación, no tiene nada. Sobre esa desnudez alguien ha puesto «una especie de población» y «un castillito»: un bastión que «apenas tiene agua, comida», porque el agua y la comida son las que se llevan para allí desde fuera.

El cronista que asiente esta ficha lo dice sin adorno: la isla es única en el mundo, no porque la roca sea rara, sino porque es «lo más cercano que queda a los cruzados en Tierra Santa». Enfrente, a tres kilómetros, la costa «obviamente está guarnecida porque los cruzados perdieron».

Lo que la roca da y lo que las galeras traen

Arwad no se sostiene a sí misma. Todo lo que se consume en el bastión llega por galera desde Chipre; por eso no es una colonia sino un punto de concentración. Las fuerzas se cargan en Chipre, cruzan, se acumulan en la isla y esperan. El sistema es de una sola pieza y una sola función: la roca aporta lo único que la costa no puede dar — un suelo que el enemigo no guarnece —; el castillito aporta el resguardo; las galeras aportan lo que la roca no tiene, que es todo.

La necesidad que reúne estas tres cosas es una derrota. Perdida la costa, el punto de reunión tuvo que salir del continente y montarse sobre un pedazo de roca a tres kilómetros del enemigo.

La cuenta de los hombres

La expedición completa suma seiscientos: trescientos chipriotas, ciento cincuenta Templarios, ciento cincuenta hospitalarios. En el momento en que se levanta este registro hay en la isla trescientos hombres — la mitad del contingente —, resguardados por el castillito mientras el resto se completa. Tres poderes convergen así sobre la misma roca: Chipre, el Temple y el Hospital. Si Arwad no está, no hay desde dónde empezar la invasión, porque la costa ya no es de los cruzados. Último resto y única puerta: eso define a la isla mejor que cualquier medida.

Advertencias del cronista

De este asiento faltan cosas que el viajero prudente querría saber antes de embarcar. No consta con qué frecuencia ni en qué volumen llegan el agua y la comida desde Chipre, ni cuánto aguantaría el bastión si las galeras dejaran de venir — y en una roca sin agua esa cuenta es la vida misma. Del castillito no se sabe material, tamaño ni estado; de la «especie de población» que no es tropa, ni su número. Quién guarnece la costa de enfrente, y con qué fuerza, tampoco está escrito: solo que guarnecida está. La otra mitad de los seiscientos no tiene fecha de cruce en ningún papel que este cronista haya visto. Y queda la pregunta más marinera de todas: en un pedazo de roca no se registra puerto ni fondeadero — cómo atracan las galeras que lo son todo para la isla, el archivo no lo dice.

Véase además: Chipre · Templarios · Tierra Santa


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.