Ambrosía
Nota de archivo, escrita con guantes. «Ambrosía» es un nombre código: así se llama a una sustancia venida del espacio, y así también se llaman entre sí Marte SA y sus agentes cuando no quieren nombrar lo que buscan. Las corporaciones la persiguen; un científico la habría creado; se la guarda en sótanos y se la transporta en camión criogenético bajo el título de «la herencia de un dios». Que una misma cosa sea a la vez de origen extraterrestre, obra de un laboratorio y contraseña de una compañía minera no es contradicción que este cronista vaya a resolver: en Torreluces los nombres código hacen precisamente ese trabajo.
Sobre sus efectos, el registro se bifurca con igual descaro. Es alimento sintético que otorga poderes a quien la consume — aunque no de modo permanente —; es alucinógeno con «capacidad de conectar con lo divino»; es lujo en el que August Roman se baña, si ha de creerse el rumor más flojo del legajo. Pero también consta que sintetizada como droga mata a quien la consume, que no debe ingerirse por sus efectos letales, y — lo más inquietante — que puede cobrar consciencia propia en el tejido del consumidor y hacerle perder la forma antropomórfica. Una voz llega a negar que sea sustancia viva en absoluto: la describe como entidad cibernética, circuitos y componentes electrónicos. La entrada de Luna la nombra; quizá allí esté la mitad del mapa.
Divinidad embotellada, veneno, contraseña o máquina: el archivo registra las cuatro y no elige. Quien haya visto el interior del camión criogenético, que deposite aquí lo que vio — si conserva forma para contarlo.
Véase además: Luna
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.