Alec Terzival

«Están ambos catatónicos.» — voz del archivo, sobre el estado en que quedó el paladín — y sobre el otro, del que no tenemos nombre

Linaje de fundadores, feudo perdido, cargo doble, desaparición. Así se resume, en cuatro estaciones, la genealogía de Alec Terzival: paladín del templo de San Cuberto en Caldero y brazo ejecutor de la autoridad civil de esa ciudad — hoy en ningún lado, hace tres semanas, con «su alma separada del cuerpo».

La casa y el derecho

Los Terzival vienen de una familia distinguida de fundadores de Caldero, «por lo menos de prosapio»: no un recién llegado sino parte del linaje que hizo la ciudad. Aquí el árbol se enreda: una explicación del mundo atribuye esa misma genealogía fundadora a un tal Arafel mientras describe a Alec Terzibal. Que sean dos nombres de una misma persona, o dos personas confundidas por la fuente, es disputa de versiones que este cronista deja abierta, como se dejan abiertas las querellas de sucesión.

Al linaje le corresponde un feudo — un manor — de ubicación no fijada. Y ese feudo, perdido, es la clave de toda la carrera que sigue.

La vía de las armas

La trayectoria tiene una lógica económica explícita: trabajó primero «como aventurera» y después de otro modo, en ambos casos «para conseguir eso» — recuperar su feudo. El feudo es el fin; la aventura fue el medio de financiarlo. Es la historia de un heredero descapitalizado que reconstruye su posición por la vía de las armas y termina siendo el instrumento coercitivo de la ciudad que fundaron los suyos.

Aquí conviene pisar el freno: el archivo dice «paladín» y «el paladín», y dice también «aventurera». Las dos formas están en las voces; ninguna escuela ha impuesto la suya, y este registro no va a elegir por ellas.

El cargo doble

En Caldero, templo y ciudad no reparten al ejecutor: Alec Terzival es paladín de San Cuberto y a la vez brazo ejecutor de la autoridad civil. Es decir: el instrumento por el cual el poder de Caldero se aplica sobre personas. Una fuente lo declara además «el paladín del sítio de Jenny Auricas» — localidad que ningún itinerario fija, vínculo que nadie ha precisado.

Y sin embargo la figura de autoridad aparece también como figura frustrada: intentó un desafío público —posiblemente contra Balantru— y fue impedido de realizarlo. Que alguien tenga poder para impedirle un desafío a un paladín dice algo de Caldero que el archivo no termina de decir.

La desaparición

Hace tres semanas que no está en ningún lado. No es asunto privado: mientras estuvo en su puesto concentró la ejecución de la autoridad civil y el respaldo del templo, y su ausencia es un hueco de poder — el archivo la registra como acontecimiento en sí, con acta propia: la Desaparición de Alec Terzival.

El cuerpo, donde sea que esté, quedó catatónico, con el alma separada del cuerpo. Y no está solo en esa condición: la cita habla en plural, «están ambos catatónicos». Lo que le pasó a Alec pertenece, entonces, al mismo orden de fenómenos que alcanzó a otro individuo en idéntico estado — un orden del que el archivo no da el nombre.

Advertencias del cronista

De su cuerpo, cuando el alma todavía lo habitaba, no tenemos una sola línea: ni armadura, ni armas, ni insignia de San Cuberto, ni edad. Un paladín que ejecuta la autoridad civil tiene que ser reconocible a la vista, y nadie anotó cómo. Tampoco sabemos quién es el otro catatónico, ni qué separa las almas de los cuerpos, ni qué hace Caldero con un cuerpo en ese estado. Del feudo: ni dónde está, ni cómo se perdió, ni si llegó a recuperarlo antes de desaparecer. De Balantru: ni quién es, ni quién tuvo autoridad para frustrarle el desafío al brazo armado de la ciudad. Y queda sin resolver si la desaparición, la catatonia y el desafío impedido son un solo episodio o tres distintos, y en qué orden cayeron sobre él. El que sepa, que hable; este cronista no inventa.

Véase además: Caldero


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.