Zodiaco

Nota de bóveda celeste. La palabra dice, literalmente, «rueda de los animales» — el archivo hace proceder el término de «diacos», rueda, y este cronista deja la etimología girando como está, que para eso es rueda. El zodiaco marca los ciclos solares aparentes a través de las constelaciones, y la aguja del presente señala Tauro; el cómputo entero se asienta sobre el año trescientos antes de la era común, como quien clava un eje para que la rueda no se escape.

Pero en Antiterra la rueda no es mero calendario: el archivo afirma que el zodiaco tiene doce conciencias reales — doce, y reales, sin más explicación que la palabra misma. Sus signos tiñen la cosmología y las artes: las ilustraciones de este mundo aparecen siempre emparentadas con el zodiaco, las estrellas pueden llevar marcas suyas, y los cronistas usan Piscis —el pescador— y Escorpión para nombrar atributos y caracteres de las personas, como quien lee el temperamento en el cielo antes que en la cara.

Poco más consta, y es poco para una rueda que lo mueve todo. Quien sepa qué quieren esas doce conciencias, o por qué el eje se clavó en ese año y no en otro, que lo deposite en el archivo: esta nota gira en falso esperando su Tauro.

Véase además: (el archivo aún no traza vecinos a esta rueda; los que lleguen, que se sumen al giro)


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.