Loco Bowie

«No te cases con el loco boy.» — copla que circula como advertencia; nadie ha dicho quién la cantó primero, ni qué le pasa exactamente al que la desoye.

Hay figuras que entran en las genealogías por la sangre, y otras que entran por la puerta que menos se esperaba: el casamiento. El Loco Bowie es de las segundas. Uno solo hay —no existe otro Bowie ni una estirpe de seres como él, salvo la etiqueta suelta de «ser feicósmico»—, y ese uno viene del caos primigenio, viste aspecto élfico y terminó, contra toda copla, emparentado.

La risa antes que el rostro

A Bowie no se lo ve llegar: se lo oye. «Esa voz yo la conozco, es el loco Bowie… se ríe» — la risa lo anuncia, y con ella los perros que van con él. Recién después aparece el cuerpo: «un hermoso caballero medio andrógino», de tipo élfico pero con «unos brazos más marcados» que los de un elfo común. No lleva camisa afloreada ni máscara, como querría atribuirle alguna versión: lo que lleva encima es un cristal verde.

El que se le acerque demasiado descubre el resto en la mirada. «Pensás que los ojos son color miel verde», pero adentro «se giran como novas», «esas estrellas cósmicas que giran»: la esmeralda. Ese giro interior es la marca visible de su origen en el caos primigenio — el caos no le dejó cicatriz, le dejó rotación.

Armas de dos linajes

Porta reliquias, arcos y «armas de maestro de la casa» — qué casa, no se dice. Y de su empuñadura «se generaba una espada de luz»: no un objeto que se desenvaina sino un efecto que brota. Su arsenal repite lo que él es: mitad herencia de linaje, mitad luz que se genera sola.

El defensor de la cúpula verde

En los Juegos de Zaira, Bowie llega acompañado de gremlins —algunos sin cara— y ocupa un puesto estructural: «el de la cúpula verde es el Bowie». Cada prueba tiene su color y su defensor; la verde depende de él, de modo que la prueba verde no puede contarse sin contarlo. Está del lado de la banca, no del de los concursantes.

El color no es adorno: verde el cristal que lleva, verdes los ojos que giran, verde la cúpula que sostiene. El verde es su firma, y por eso le toca esa prueba y no otra.

Itinerario del cazador

Se lo encuentra en movimiento: caza y viaja. Su rastro registrado toca tres sitios. Los Juegos de Zaira, ya dichos. Una nave, en la que se coló de polizón «un perrito de este tamaño» —la medida quedó en el gesto de una mano, no en cifra—, traído por él. Y el círculo de menhires, a cuya parte interior se retiró después de vencer a la Cacería Salvaje en batalla: esa retirada cierra el episodio, y desde entonces el interior del círculo es suyo por derecho de victoria.

Se lo llama además «el de laberinto» — pertenencia declarada sin ubicación: si el laberinto es lugar, título o casa, el registro no lo aclara.

De enemigo a marido

Como fey de temperamento caótico y neutral, su lealtad no viene fijada por bando. Las voces lo registran pasando «de enemigo de la partida a marido de Sisi», y luego figurando entre los aliados de la compañía. Ese cruce de vereda no es detalle de su historia: es el hecho. Bowie es bisagra, no fondo — el mundo lo recuerda por haber cambiado, y las genealogías lo recuerdan porque Sisi hizo exactamente lo que la copla prohibía. Su longevidad se discute en clave élfica; su alineamiento, en clave de nadie.

Advertencias del cronista

Que el lector no me pida lo que el archivo no da. No sé qué es un «ser feicósmico» ni si la palabra nombra una categoría del mundo o solo a él. No sé qué casa forjó sus armas de maestro, ni dónde queda su laberinto. No sé por qué fue enemigo de la compañía ni qué obró el cambio de bando — solo que ocurrió. No sé qué ata a los gremlins sin cara a su comitiva: servidumbre, parentela o contrato. No sé si el perrito polizón de la nave es uno de sus perros de caza u otro animal, ni cuántos perros son, ni cuánto mide él, ni cuántos años carga. Hay además una mención que no logro coser al resto: alguien empezó a describir a un «David Bowie» con influencia política o militar y la frase quedó trunca —«no sé cómo describirlo, como si fuese…»—; si es el mismo, otro, o un eco del nombre, que lo decida un cronista con mejores fuentes. Y queda la pregunta que la copla abre y no cierra: qué le pasa al que se casa con el loco boy. Sisi lo hizo. El archivo, hasta hoy, calla.

Véase además: Sisi — su esposa, la que desoyó la copla.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.