
Presentación
El Interdicto es la veda sagrada que el Patriarca —o el ángel que obra por él— pronuncia sobre un recinto. Se enciende con la Campana como objeto activador y tiende su radio a unos ciento veinte pies a la redonda.
Dentro de ese círculo, todo se vuelve contra lo profano: la santidad sostiene la moral de los justos; todo ser caótico o malvado recibe un castigo automático que pocos resisten enteros —solo los de voluntad más firme lo padecen a medias—; los demonios son arrojados de vuelta a su plano; y sobre los protegidos cae un aura de bondad que los escuda del mal. Su veda dura mientras el oficiante sostiene la concentración, y golpea a la vez a cuantos profanos haya bajo su sombra.