
Yo soy un hijo de la libertad.
Vino del Mississippi, había sido esclavo y había mantenido la libertad — las dos cosas en la misma frase, porque en esta crónica lo segundo no se sigue de lo primero.
Lo que carga es una escena. Lo último que vio de los suyos fue a uno que dijo «yo soy un hijo de la libertad» — y lo arrojaron por un barranco. La consigna que da nombre a los suyos, dicha en voz alta, y el precio pagado en el mismo minuto.
Aparece en la Fraunces Tavern, en la mesa donde se discute la propuesta de Xochotl. Ahí es de los que no pueden no escuchar el fondo de verdad: la propuesta «está buenísima… pero sin Xochotl». A su lado se plantan Bahía, el Boom —el paladín negro de la libertad, «entiendo que estamos del lado de la vida»— y La Plume, que huele el fraude.
Vínculos
- Fraunces Tavern — donde se sienta a esa mesa.
En el papel
Nota de alias: la ficha NO declara ninguna forma, a propósito. Se midió: de las
trece páginas de cuaderno que el índice atribuía a Edmund, las trece son apellidos
de bibliografía o personas de otras crónicas — Edmund Husserl (3), Edmund
Spenser (4, con The Faerie Queene y Gloriana), Edmund Burke (3, sobre lo
sublime), Edmund S. Meltzer (egiptólogo) y Edmund Thorbjornson, mago de otra
campaña. Ninguna es este Edmund. Declarar Edmund como alias habría metido trece
páginas de bibliografía en la crónica. Queda sin tagear hasta que aparezca una forma
que lo distinga (un apellido, un mote). En Carnival hay además otro Edmund
—Edmund Malone, el de Stratford y la tumba de Shakespeare—, sin ficha todavía.