Presentación
El archivo no le guarda nombre: solo el número que lo cuenta cuarto entre los caballeros, y la estampa de un muchacho —menor todavía— al que la jornada conmovió más de lo que supo decir. Antes de la travesía se ciñó la túnica templaria “por las dudas”: gesto de quien no sabe aún si pertenece a la orden, pero quiere que el peligro lo encuentre del lado correcto.
Escudero o recluta novel, marcha en la compañía de Carlos y Rolando, y viaja con ellos al cierre de la incursión al plano astral. De lo que fue después, el archivo calla. Quedó como una de esas figuras que el relato roza sin detenerse —presente en el umbral, vestida de una fe que tomó prestada, sin entrada propia en la gesta.