Presentación
Los recibió Clara Kling, de blanco, sola, en un piso de oficinas de acrílico extrañamente vacías. La propuesta era un trabajo: entrar a las cavernas, desmantelar el plan insidioso, limpiar la escoria que la policía no ve —no matar por matar; ojalá se entreguen— y traer a Rachel Betta ante la justicia. Después la Fundación limpiaría el desastre «y purificaría las energías que quisieron usarse para el mal». Firmaron. Al firmar dejaron de ser chicos de Gary metidos en un lío: pasaron a integrar el espíritu del Complejo Alfa, con código de seguridad rojo.
El nombre tiene genealogía y la Fundación no la esconde. La Ford Foundation, dijo Clara, «fue de alguna manera nuestra antecesora»; y Alfa remite a Un mundo feliz, del que la Fundación tomó «las partes positivas» — porque en aquel libro los Alfa eran la casta de arriba, y ellos leyeron ahí, en cambio, la promesa de que la evolución es posible para todos. Un contrato, entonces, que se llama como la letra que encabeza el alfabeto de un mundo hecho de castas, ofrecido por una fundación biotecnológica a unos adolescentes de una ciudad quebrada.
Al lado del pago —cinco a diez mil dólares por cabeza en cuenta, prima de cincuenta mil si lo lograban, funeral digno si morían— iba lo otro: si hacían el trabajo, les mostrarían más secretos. Pontiac exigió la verdad como ciudadano norteamericano y Clara le subió la apuesta: «tú nos mostrarás a nosotros más sobre los secretos; eres la sonda que remite al origen tanto del mal como del bien… porque todavía no has sido utilizado». Es la única frase del contrato que dice qué se compraba realmente.
Y hay una respuesta que fecha la guerra entera. Cuando de un recodo asomó el gorro frigio de un emisario y Pontiac fijó la posición diplomática —«¿Dónde está Beta? Beta es la que tiene que hablar con Alpha, y así se soluciona todo»—, la criatura, al oír el nombre, saludó: «¡Salve Rígel!» Rigel es una estrella, y es la beta de Orión. Del otro lado del tablero, la que lleva ese nombre no es la segunda de nadie: es la beta que le disputa a Alfa el corazón de Gary, los lugares del hierro y del poder antiguo. Las dos casas del subsuelo de este mundo se llaman con las dos primeras letras del mismo alfabeto, y ninguna de las dos eligió su letra por casualidad.
Ver también
- Genesis Foundation — la casa que ofrece el contrato.
- Clara Kling — la que lo firma del otro lado de la mesa transparente.
- Rígel Betta — la Beta contra la que se firma; «¡Salve Rígel!».
- Pontiac — «la sonda que remite al origen tanto del mal como del bien».
- Robots — «si los encuentran, desprográmenlos»: cláusula del contrato.
- Kendall — «un espíritu prometedor; Flauta Quebrada era su nombre», y había que limpiarle el aura.
- Gary, Indiana — el corazón que las dos letras se disputan.
- Operación Armisticio — la tercera mano sobre el mismo tablero.
Capa interna [R]
No diegético; el dispositivo de la mesa, fuera de la lectura pública.
- Ref.: S4b, «La Fundación Génesis: Clara Kling, el Complejo Alfa y el contrato» — código de seguridad rojo; Ford Foundation «de alguna manera nuestra antecesora»; el nombre remite a Un mundo feliz de Huxley, «las partes positivas»; 5.000→10.000 por cabeza + prima de 50.000; «tú nos mostrarás a nosotros más sobre los secretos…». Emisario gnomoide de gorro frigio: «¡Salve Rígel!» (S4b).
- Rigel = beta de Orión, jugando contra el «Complejo Alfa» — la lectura está anotada en las propias notas de consolidación de S4b.
- En S5a-c el contrato se reformula con otras cifras: prima de 10.000 depositada en caja de seguridad (con llave) + 50.000 por llevar a Rigel Betta ante la justicia y limpiar las cavernas. El archivo no unifica los montos; se registran ambas versiones.
- Capa conspirativa asociada: Project Blue Book («definitivamente vas a ser del área Blue Book: We see the future, Gary The New World» — el título de la gesta dicho dentro de la diégesis), Ford Foundation, Departamento 7, «conspiración de Acuario».
- Grafía de la antagonista inestable en todo el archivo: Rígel Beto / Richel Beta / Virgil Betta / Rigel Veta / Rachel Betta.