
Bogeyman
Advertencia del baqueano: si en el camino ves un poste y nada apoyado contra él, no te confíes. Puede que haya algo ahí igual.
La bienvenida
Hay en Vala una criatura que se anuncia sola, en primera persona y en singular: «yo soy Boogeyman». Es el coco de las historias con que se asusta a los niños, y no viene a esconderse debajo de la cama: viene a buscar a los que andan por los caminos, a los aventureros, para darles «la bienvenida al mundo de los muertos». Los registros conocen uno solo. Si tiene guarida, nadie la ha encontrado; aparece donde está la compañía, junto a los postes, al lado de sus víctimas, siempre a distancia de toque.
El traje y lo de abajo
Lo primero que se ve es la carnada: un sombrero, «ropajes flamboyantes de un cirquense, de un trabajador de casinos», sobre una túnica toda azul violeta. Lo festivo por fuera. Debajo, lo carbonizado y lo animal: la cara se le «prende fuego toda la cara, bien Freddy Krueger»; en la bolsa lleva «unos dientes filosos, filosos, filosos»; y las garras «de golpe le crecen el tamaño», como las de un perro. Calza botas — «se mueve, tiene botas», dicen las voces del archivo, y no aclaran más.
Y está lo peor: puede estar parado contra un poste y no verse. Está ahí, pero invisible. La criatura que asusta a los niños es, por definición, la que está sin que se la vea.
De qué se alimenta
No de carne: de miedo. Su cuerpo se rehace —a razón de cinco por cada vuelta del combate, según consignan los registros— mientras haya en el área criaturas que le tengan miedo. El que deja de temerle «ya no cuenta»: se resta, literalmente, del cuerpo del monstruo. Mientras la compañía lo tema, no se lo puede matar; el ánimo de los que lo enfrentan es su punto vital. El coraje no es acá una virtud decorativa: es la única herida que le entra.
El tramposo equipado
Lleva encima siete objetos de virtud mágica, detectables por quien sepa mirar. Con las botas, componen el ajuar de un tahúr: el traje de casino, el mazo cargado, la ventaja escondida. Y hay un gesto que desarma toda lectura simple: puesto al lado de alguien, «lo toca y le hace una curación». Toca y cura. No es solo depredador, y eso es quizá lo más inquietante que los registros dicen de él.
Lo que este cronista no sabe
Que el lector no tome este bestiario por completo. No está dicho si el Bogeyman es criatura nacida del mundo o cosa convocada que se disipa con el humo del combate. De los siete objetos que carga, solo se conoce la cuenta, no el inventario. Las botas: ¿dan velocidad, dan invisibilidad, dan las dos cosas? La cara ardiendo: ¿arde siempre, o se enciende cuando conviene? La curación por contacto: ¿a quién favorece — a aliados, a víctimas, a sí mismo? Y la pregunta que más importa al viajero: si es único en Vala o si hay otros de su especie esperando junto a otros postes. El archivo calla, y este cronista no rellena silencios.
Véase además: Vala
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.