Barkhol es un puerto austral de la Confederación que navega en la frontera entre lo legal y lo que no lo es. Tiene fama de recibir embarcaciones cuya bandera conviene no preguntar, aunque tampoco se puede decir que sea un nido de piratas: es más bien un lugar donde la ley llega con retraso y las transacciones no esperan por ella. Su faro tiene historia propia: se apagó en un momento que nadie recuerda bien y volvió a prenderse sin que nadie lo explicara del todo. En ese puerto los hombres del Estrella Federal comerciaron cargamentos de sal, mercancía que en la frontera sur vale casi tanto como la pólvora.

Bazar Balizas es el mercado neutral al que llega esa sal y muchas otras cosas. Funciona como punto de encuentro entre regímenes que no se tolerarían en otro sitio: federales, brasileños y Albiones comparten allí mesa y precio sin que ninguna bandera tenga ventaja sobre las demás. Es probablemente la misma ciudad que los marineros llaman Montevideo, rebautizada por el comercio que la sostiene, con sus balizas portuarias como única autoridad reconocida por todos. Fue en Bazar Balizas donde el grupo de la frontera sur reencontró viejos aliados, entre ellos un jesuita de afecto inglés que conocía los dos mundos.

La presencia albiona en Barkhol es la señal que más inquieta a quienes vigilan la costa: los ingleses comenzaron a intentar afianzarse allí, vistiendo su avance de comercio. El puerto austral se convirtió así en el primer escalón de una tensión que tiene su centro más al norte, en Santa_Maria_de_Torregrises, pero cuyas raíces se hunden en el estuario.

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