Bandolero que opera en la Sierra de la Cabra, al sur de las tierras bajo jurisdicción de las Plataformas_Unidas_del_Estuario_de_la_Plata. La figura de José María —también llamado José Manuel en algunos testimonios, variante que puede atribuirse a error de copia o a la costumbre de los hombres de la sierra de mudar el nombre según conviene— es la del contacto ambivalente: ni traidor pleno ni aliado confiable, sino ese tipo de intermediario que conduce hacia donde él necesita llegar sin que nadie pueda reprocharle haberlos engañado del todo.

Fue por intermediación suya, a través de un convicto que sirvió de guía, que ciertos viajeros cruzaron las sierras y alcanzaron un paraje desolado donde los colorados del monte guardaban agua y provisiones en condiciones que los testimonios describen como «totalmente terribles». Al cabo de esa expedición quedó claro que José María tenía cuentas propias que saldar: el negocio con los hermanos —quiénes sean esos hermanos, el archivo no lo aclara todavía— era la verdadera razón de todo el recorrido.

Su nombre circula con mayor frecuencia que su persona: más mencionado que visto, más invocado que presente. Esa ubicuidad nominal en los relatos de quienes lo conocieron habla de un hombre cuya influencia en la frontera sur excede lo que cualquier encuentro directo con él podría sugerir.

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