Ananta

«¿Pero qué hizo? ¡Te dio vida!» — voz recogida en el archivo, sin destinatario fijado

De Ananta se conserva un diario que él mismo escribió, y que otros han visto alguna vez. En ese diario se nombra a sí mismo: «el traidor de los axiomatas». Que un hombre del orden y de la ley se juzgue traidor por su propia mano es cosa que este cronista ha visto pocas veces, y siempre con consecuencias. Junto a la acusación queda la pregunta, abierta como una herida: «¿Entregó a sus hermanos?»

El hombre de test azul

Así lo llaman los registros: piel azul, barba blanca —blanca para lavarla mágicamente— y «unos ojos medio extasiados». Compañero de una gesta, no figura de fondo: uno solo, sin indicio de que existan otros como él. Viste túnicas blancas que en el momento en que el archivo lo retrata están todas manchadas de sangre; se lo ve herido, cortado y magullado. Callado y pensativo, analiza la situación. Sentado está «casi como una estatua», con los brazos apoyados en el respaldo, y si se presta real atención la postura está «casi milimétricamente calculada para que sea todo simétrico».

Un sistema de simetrías pareadas

Todo en Ananta apunta a una misma lógica, y esa lógica es el orden. La túnica blanca. La «bella armadura sencilla que arma dos cubos en dos momentos». La capa colgada de la armadura con dos símbolos, uno de decán y otro religioso, uno por lado. La postura calculada al milímetro. Dos cubos, dos símbolos, dos momentos: un hombre compuesto en pares, como un tratado que se demuestra a sí mismo.

Contra ese sistema juegan tres roturas, y son las que hay que leer con cuidado:

  1. La sangre sobre el blanco — las túnicas manchadas, el cuerpo cortado.
  2. El dedo que falta — el anular, con «una gotita de sangre» en el muñón. La ausencia le molesta un poco: le rompe la simetría. El dedo es lo que entregó —marca visible de una falta o de un pago—, aunque a quién lo entregó, y a cambio de qué, el archivo no lo dice.
  3. La disolución — en un momento su cuerpo se descompuso y se convirtió en «una especie de nube», brumas que flotaban alrededor de la escena del combate y que después «se movió sola» hacia adentro de la caverna. Niebla que conserva voluntad. Su caso se contrasta expresamente con el de Jalil: Ananta «no está en la misma situación que Jalil» — donde uno queda en el sitio, el otro se desplaza sin cuerpo.

La armadura y la niebla

Ananta diseñó armaduras avanzadas inteligentes de forma experimental; la que lleva puesta es de su propia hechura. Y las voces del archivo agregan algo grave: esa categoría «evidentemente ya no es más experimental». Hay, pues, tecnología en circulación que arranca en él. Una compañera lo supo de cerca — «fuiste compañera de Ananta experimental en su momento», dice el registro, relación tejida en torno a esas mismas armaduras.

La niebla y la armadura se enlazan: algunos vieron emanar neblina de la armadura antes de que el cuerpo entero se volviera bruma. Con lo que el archivo conserva no alcanza para afirmar si la niebla es efecto de la armadura, del cuerpo, o de lo mismo en dos escalas. Este cronista anota la duda y la deja en pie.

La traición y el don

Dos actos lo vuelven central y no decorativo, y los dos tienen consecuencias sobre otros. El primero es la traición: traidor de los axiomatas, por confesión propia, con la pregunta de los hermanos sin responder. El segundo es un don, afirmado a viva voz y sin destinatario en el registro: «¿Pero qué hizo? ¡Te dio vida!» — Ananta dio vida. Un hombre que quizás entregó a los suyos y que ciertamente dio vida a alguien: entre esos dos platos de la balanza se juega su genealogía, y el archivo no dice hacia cuál se inclina. Compartió combate con Persico; de ese combate salió, o entró, convertido en bruma.

Advertencias del cronista

Lo que sigue no se sabe, y quien lea esta entrada hará bien en no completarlo por su cuenta. No se sabe a quién le dio vida ni en qué contexto. No se sabe qué son exactamente los axiomatas ni en qué consistió la traición: si entregó a sus hermanos o no. No se sabe a quién entregó el dedo anular ni qué recibió a cambio. El símbolo religioso de la capa queda sin especificar — el archivo dice sólo «un símbolo religioso». No se sabe qué hacen las armaduras avanzadas inteligentes ni qué las vuelve inteligentes. No se sabe si la disolución en niebla es muerte, capacidad voluntaria o efecto de la armadura, ni si es reversible. No se sabe dónde está el diario, qué más contiene ni quién lo conserva. Y no se sabe dónde queda la caverna hacia la que la bruma se movió sola, ni qué hay adentro. Ocho preguntas: un hombre hecho de pares dejó al archivo un número impar de misterios.

Véase además: Axiomatas · Jalil · Persico · Decán


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.